La crisis de valores en los medios de comunicación en el tratamiento de temas tan sensibles como el aborto y la ideología de género, nos ha hecho dar una vuelta de tuerca respecto al verdadero protagonismo que, como cristianos, tenemos en los medios. Y es nulo.
Los micrófonos de las radios, las páginas de los medios gráficos y las pantallas de la televisión fueron teñidos de verde durante el proceso en el cual se debatió el tema del aborto. ¿Y nosotros? Sólo podíamos disponer de breves minutos para hacernos oír en esa marejada que pedía a gritos que se legalice un crimen. Este panorama aún no cambió.
Pero esto que se vivió el año 2018 a nivel de medios de comunicación tampoco es casual. Es el emergente de años y décadas del mal uso que hemos hecho, como cristianos, del ejercicio de la comunicación masiva a través de esos medios. Y eso hora de ser autocríticos, porque es la única manera de ostentar un verdadero cambio de paradigma respecto de nuestra visión de los medios.


Ni siquiera contamos con una representatividad legal en los entes que regulan el andar de los medios. Cuando decomisan una radio cristiana, nos encontramos desamparados y, mitad con resignación y mitad con falta de autocrítica, convertimos al diablo en el blanco de nuestros fracasos mediáticos.
Creo que es hora de que, como iglesia, apoyemos mentoreando a aquellos de nuestros congregantes que, dada su vocación, quieren comenzar a andar el camino de los medios. Debiéramos instarlos a que se preparen, a que estudien formalmente una carrera de comunicación social, a que asistan a toda cuanta capacitación se le cruce por el camino, a que interactúen con aquellos que ya llevan años en los medios. A dejar de jugar a «hacer radio» en la FM de la iglesia, donde me convierto en el héroe de cada domingo sólo por haber pasado música cristiana en la radio toda la semana. Si realmente hay aspiraciones serias en cuanto a los medios, eso debería ser el trampolín para pelear un lugar en los medios masivos de alcance nacional, y ser luz en esos canales de televisión, radios y medios gráficos, donde no precisamente se inicia la jornada laboral orando.
Los “agentes de prensa” y las estrategias del Maestro
Siempre pensé en Jesús como el comunicador por excelencia. Me vienen a la mente dos episodios del Maestro, donde Él mismo nos enseña a ser estratégicos a la hora de comunicar, como así también a utilizar –en el buen sentido de la palabra– a personas para anunciar lo que quería hacer.


¿Acaso Jesús necesitaba que lo anuncien? Sospecho que como tenía atributos divinos, Jesús se hubiera presentado en un pueblo y como por arte de magia, todos sus habitantes se habrían enterado. Pero no. Decidió hacerse hombre y por eso actuó como tal, así que, supuso que si quería lograr cierto impacto cuando llegara a la ciudad, la gente de allí debería saberlo de antemano y, en cierto modo, debía esperarlo. ¿Quién mejor que sus discípulos para oficiar de «agentes de prensa»? Y ni hablar de Juan el Bautista, el mejor agente que Jesús haya tenido cuando aún no había comenzado su ministerio.
Jesús y los medios
La otra anécdota tiene que ver con lo estratégico que era Jesús a la hora de hablar a las multitudes. Se dice que buscaba lugares donde pudiera ser escuchado por la mayor cantidad de gente posible. Habremos leído más de una vez el popular «Sermón del monte» (Mateo 5:1), donde contó innumerables parábolas a miles de personas. ¿Nadie se puso a pensar siquiera cómo hizo Jesús para hablar, sin micrófono, ante tanta gente?


Por eso, siempre digo que si en el año 30 d.C. hubiese existido la radio, Jesús hubiera tenido un programa. Y agentes de prensa no le iba a faltar: tenía 12.
Para meditar: Dios, que quienes tengamos acceso a los medios masivos de comunicación podamos usarlos para llevar a las personas a tu conocimiento, despojándonos a nosotros mismos de todo protagonismo.
Autor: Damián Sileo – Periodista, escritor, miembro de UCCA.
Director de Reactivoz | Comunicador | CM | Diseñador Gráfico.


















