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Leticia y sus tres amigas «espirituales»

En una tarde muy bonita, Leticia se iba a encontrar con sus amigas en una cafetería después de semanas sin verse. Ella suele administrar el tiempo entre las actividades de la iglesia, la universidad y su trabajo, pero hacía rato que no se tomaba un día entero para dedicarlo a las amistades. En esas charlas del reencuentro, cada una empieza a contar cómo le está yendo en la vida, y Leti no tardó en inquietarse por algunas anécdotas.

Silvina, su amiga de la uni, contó que el pasado mes fue a un encuentro de reikistas en uno de los montes de un pueblo a 50 kilómetros de la ciudad. Relató cómo le impusieron manos en su vientre para «sanarlo», la cantidad de cristales y sahumerios que había en las habitaciones para limpiarse de toda «mala vibra» antes de ir a dormir, y de cómo se había sentido luego de eso. ¡Era una nueva mujer! Sin estrés, liberada de toda carga y sana. Sin embargo, Leti se quedó recalculando que tan sana estaba, ya que se había enterado que Silvina tuvo un ataque de nervios la semana pasada, y de que a pesar de todo, seguía maltratando a la gente cuando ellos no hacían las cosas como ella quería. Y no era muy difícil de ocultarlo, ya que en el ojo de la chica con los «chakras alineados» se podía divisar la vena roja a punto de explotar.

Un rato después, Victoria (la amiga de la infancia de Leti), contó qué bien le estaba yendo en su iglesia y todas las actividades de hacía. ¡Vivía ocupada! Pero siempre sirviendo al Señor. Literalmente, hacía de todo, desde limpiar hasta ser maestra de escuela bíblica. Mientras Vicky contaba su día a día, Leticia la miró con preocupación ya que se suponía que su amiga tenía 25 años, pero su cara y estado anímico era el de una persona de 45 años con estrés laboral. Se suponía que si ella estaba sembrando su tiempo y esfuerzo en algo que era para Dios, tenía que tener gozo, o por lo menos un fruto del Espíritu. También sabía que ella era una chica que nunca se organizaba con los tiempos y su vida era un desorden puertas para adentro. Pero lo que nunca le faltó fue la jactancia de que al hacer todo lo que «Dios le pide que haga», ella está más que bien.

Por último estaba Camila, una hermana de la congregación que solo aparecía los domingos o en algún evento de la iglesia. No por falta de tiempo era el porqué de su poca participación, si no que ella estaba feliz y cómoda donde estaba. De vez en cuando ayudaba en algún área, pero no se involucraba tanto. Siempre contaba lo bien que le iba y cómo progresaba en sus estudios y sus metas, pero nunca lo nombraba a Dios. Cami siempre decía que como ya había aceptado a Cristo, su vida estaba completa y ya, no le debía nada a nadie. Como mucho le pedía perdón a Dios por las veces que tenía relaciones con su novio, pero como somos humanos y los errores eran obvios, podía dormir tranquila. Feliz. Cómoda. Aunque a pesar de toda esta vida ideal, Leticia sabía que la vida que su amiga publica en redes sociales no es «tan ideal». Vive teniendo discusiones con su familia, posee un autoestima muy baja y vive de compras para llenar vacíos que, inconscientemente cree, nada los puede llenar.

Si bien, es un relato que es fácil saber adónde apunta, pero me gustaría recalcar algunos puntos para que se entienda bien la meta de este artículo y qué mejor, que ir a la Biblia. Proverbios 3:7 dice: «No seas sabio en tu propia opinión; más bien, teme al Señor y huye del mal».

Me voy a enfocar en la primera parte del versículo, «No seas sabio en tu propia opinión». A lo largo de los años, se crearon muchas religiones. Muchas de ellas a partir de culturas que se fundamentaron sobre la práctica del politeísmo. Pero más allá de eso, voy a dividir en dos el concepto que quiero desarrollar.

La paz y el conocimiento humano

Cuando hablo de «La paz y el conocimiento humano» me refiero a las religiones o sectas que creen que, a través de rituales y/o ciertos procedimientos pueden o quieren llegar a la «plenitud humana», ya sea la paz interior, el «nirvana», autoconocimiento y el ser uno con el universo. Más allá de lo que haya de trasfondo en eso espiritualmente hablando, es increíble cómo este tipo de prácticas cada vez atrae a más personas y les hace creer que con una simple «limpieza de chakras» su vida se va a solucionar. Cuando la Biblia explica que el único que conoce lo más profundo del corazón es Dios. Ni el tarot, ni los signos del zodíaco tienen el conocimiento y el poder de transformar plenamente a una persona para bien. Y lo digo por experiencia.

El Cristianismo

Por el otro lado tenemos al Cristianismo que, luego de que se empezara a expandir, hay personas que no tardaron en ponerle su propia mirada a la cuestión para terminar de dividir y crear su propio dogma. En este momento se les pueden estar ocurriendo los nombres de las más conocidas, pero hasta la persona más «evangélica» puede ser ultrareligiosa o ser un «sepulcro blanqueado». A veces juzgamos tanto a otras religiones cristianas que no nos damos cuenta que nosotros también podemos estar en la misma bolsa.

El hecho de ir todos los días a la iglesia, pero estar estancado emocional y espiritualmente o no practicar la vida del Espíritu es también una forma de religión. El hecho de no ir casi nunca, no obedecer la Palabra y no aceptar la voluntad de Dios, también es una forma de religión. En Mateo 7:16-23 se habla de que por los frutos vas a conocer a la persona. No es lo mismo una persona que tiene gozo, paz, paciencia, benignidad, etc., que otra que vive amargada, no administra bien sus tiempos, juzga o es rebelde al concejo de un sabio. También Mateo 12:34-35 dice que «de la abundancia del corazón habla la boca». ¿De qué hablas? ¿Dios está presente en tus conversaciones?

A veces, estamos tan estancados en nuestra propia filosofía de vida que caemos en la idolatría de tantas cosas y Dios queda a lo último. Y todo lo que digo no es solamente para reprochárselo a alguien, también es para mí misma. Muchas veces creí -y a veces inconscientemente lo hago- que tenía que hacer de todo para «caerle bien» a Dios, cuando en la Palabra dice que para agradar a Dios, hay que tener fe y que sin eso, es imposible hacerlo (Hebreos 11:6). La fe no solo en que Jesús murió en la cruz, sino también en que SU propósito se va a cumplir en mí. Fe en que SU voluntad es buena, agradable y perfecta. Fe en que Él está en control de todo. Y por supuesto, fe en que Él me ama.

Los tiempos que se vienen son más difíciles y no hay que darle lugar a las tinieblas de endurecer nuestro corazón. Dios nos espera, nos ama y quiere que cumplamos Su voluntad.

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