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¿Somos un equipo? El Imperio Mongol y la unidad de la iglesia (1° Parte)

Cuando hablamos de unidad, de ser un equipo o una corporación, solo pensamos en un grupo de personas que trabajan juntas para un fin. Pero eso no es solo lo que se necesita para ser un team, y más hablando en el ámbito cristiano. En este texto, ejemplificaré algo tan importante como la unidad, el trabajo en equipo y la corporación con un hecho histórico pasado: El Imperio Mongol.

Pero, ¿qué tiene que ver el Imperio Mongol (que ni siquiera se menciona en la Biblia) con un principio bíblico? Antes de responder esa pregunta, voy a dar un pantallazo acerca de este imperio anteriormente mencionado.

El Imperio Mongol fue el segundo imperio más extenso de la historia y el mayor de los imperios constituidos por territorios continuos. Fue fundado por Gengis Kan en el año 1206 d.C. y tuvo su punto álgido cuando alcanzó 33 millones de km² de extensión. El ejército de Gengis Kan –a pesar de ser relativamente reducido– contaba con una caballería bien preparada, arqueros expertos y disciplina entre sus líderes. Lamentablemente, la disciplina y la caballería no iban a durar mucho, pues no bastó lo suficiente como para seguir durante muchos años más de los esperados.

La decadencia del Imperio Mongol se dio por diversos factores, entre los cuales destacan los siguientes:

Rivalidad tribal y crisis sucesorias: La estructura tribal del Imperio Mongol era relativamente frágil, y se mantenía cohesionada por la figura temible de Gengis Kan. Cuando murió, el Imperio –por su gran extensión– inevitablemente terminó por dividirse.
Asimilación de las culturas conquistadas: Los mongoles, un pueblo que alcanzó el éxito militar por su condición de nómadas, asimilaron la cultura de los países conquistados, y rápidamente fueron absorbidos por los mismos. Además, su éxito creó divisiones, y pronto los mongoles comenzaron a pelear entre sí por los botines conquistados.
Modelo militar anticuado y uso de la pólvora: A pesar de que las tácticas que utilizaron los mongoles los volvieron casi invencibles, pronto mostraron sus limitaciones cuando el ejército mongol se hallaba en terrenos adversos. Además, el uso de la pólvora en armas de fuego cambió el modo de hacer la guerra, y volvió anticuado el uso de las tropas de caballería y el fuerte de los mongoles, no sólo en Asia sino también en otras partes del mundo.
Carencia de efectivos militares: A pesar del extenso territorio que los mongoles tenían bajo su poder, contaban con un número de efectivos militares limitado. Eran muy pocos los jinetes y caballos lo suficientemente fuertes y hábiles como para formar parte del ejército, ese número iba disminuyendo conforme los mongoles se alejaban de su lugar de origen.

Si leemos bien, podemos observar que las causas de la decadencia de este imperio, se debieron mayormente por la falta de unidad del equipo, pero mejor, vamos a ver punto por punto y a compararlo con la Palabra. Por un momento dejemos de lado que los mongoles eran un soldados que cobraron vidas y vidas de personas, y solo mantengamos la visión de un equipo que buscaba su expansión territorial y cultural.

Rivalidad tribal y crisis sucesorias

Cuando leía el desarrollo de este punto, no puede evitar acordarme cuando el pueblo de Israel se prostituyó a otros dioses en el momento de que Moisés fue al encuentro con Dios: «Al ver los israelitas que Moisés tardaba en bajar del monte, fueron a reunirse con Aarón y le dijeron: —Tienes que hacernos dioses que marchen al frente de nosotros, porque a ese Moisés que nos sacó de Egipto, ¡no sabemos qué pudo haberle pasado!

En Éxodo 32:1-6 podemos ver que los israelitas se habían resignado a los planes de Dios por el simple hecho de que Moisés todavía no volvía, por lo tanto, en vez de esperar pacientemente, se entregaron al desenfreno y a buscar otros dioses. Este pueblo no perseveró, no confió en la promesa que Dios les había hecho, y como no sucedió en el tiempo que ellos querían, se desviaron.

Una iglesia comprometida, debe saber que en épocas de desierto y prueba, no debe desfallecer, pues puede arruinar los planes que tanto le costó llevar a cabo.
En estos momentos, como cuerpo no podemos perder el tiempo pensando en: «¿será esto para mí o no será? ¿obedezco o no? ¿tengo ganas de participar o tengo ‘mejores’ cosas que hacer? ¿me quedo en el molde o avanzo?». Una vida activa en el Espíritu nos mantiene vivos ante la más dura circunstancia y preparados para enfrentar cualquier situación, y tal vez si no lo estamos, sabemos que tenemos un Dios poderoso que está delante de nosotros.

Asimilación de las culturas conquistadas

«Asimilaron la cultura de los países conquistados, y rápidamente fueron absorbidos por los mismos». En una congregación, nunca faltan el o los casos de hermanos que, por hacer amistad con el mundo, se apartaron del camino y echaron a perder el propósito que Dios tenía para sus vidas. Aunque algunos vuelven y se reconcilian con el Padre, otros no lo hacen, ya que llegó a tal punto, que como dice la cita principal «fueron absorbidos» por el sistema.

«¡Oh gente adúltera! ¿No saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Si alguien quiere ser amigo del mundo se vuelve enemigo de Dios. ¿O creen que la Escritura dice en vano que Dios ama celosamente al espíritu que hizo morar en nosotros?» (Santiago 4:4-5).

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Debemos ser diligentes en saber, que el mundo no se mostrará como algo «malo», si no que nos brindará lo más «deseable a nuestros ojos». Por eso, debemos velar por los que están pasando una situación de debilidad o de confusión. Debemos dejarnos mirar a nosotros mismos todo el tiempo cuando hay un hermano/a que está luchando contra su propia carne.

«Su éxito creó divisiones, y pronto los mongoles comenzaron a pelear entre sí por los botines conquistados». Una vez que estos hombres decidieron cambiarse a otras culturas, olvidaron sus raíces y lucharon a su propio favor para llevarse lo que «les pertenecía», aún si así eso causara la división de su propia gente.

«Ese mismo día salió Jesús de la casa y se sentó junto al lago. Era tal la multitud que se reunió para verlo que él tuvo que subir a una barca donde se sentó mientras toda la gente estaba de pie en la orilla. Y les dijo en parábolas muchas cosas como estas:

«Un sembrador salió a sembrar. Mientras iba esparciendo la semilla, una parte cayó junto al camino, y llegaron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, sin mucha tierra. Esa semilla brotó pronto porque la tierra no era profunda; pero, cuando salió el sol, las plantas se marchitaron y, por no tener raíz se secaron.» (Mateo 13:1-6).

Un propósito que no se cumple por culpa del hombre, mayormente es porque al no tener raíces firmes –o de por sí no tenerlas– se seca ese plan, se echa a perder todo lo conseguido hasta ahí y es difícil revertir la situación a menos que la mano de Dios intervenga severamente.

No te pierdas la segunda de este artículo, el cual posee más respuestas a las problemáticas típicas que deben ser resueltas para potenciar y fortalecer el trabajo corporativo de la iglesia.

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