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La grandeza de ser humilde en medio del mundo actual

Según la definición teórica de «humildad», se refiere a: «Virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento».

¿Te consideras humilde? ¿Conoces a alguien humilde? Y no hablo de humildad en escases de recursos. Hablo de humildad de corazón, podemos tener mucho o poco materialmente hablando, eso no nos define. Pero hablemos de la humildad del corazón.

Admiro profundamente a la gente humilde, las personas que se conocen a sí mismas y lo asumen, y lo aceptan y no se agrandan por eso, sino que, por el contrario, prefieren el «bajo perfil».

Y si hablamos de grandeza de corazón y humildad, pienso en Jesús. El más humilde de los humildes. Siendo el Hijo del Creador del universo, sabía más que todos, tenía más poder que todos, y jamás alardeó de eso.

Jesús hizo grandes milagros, dejó grandes enseñanzas y hasta resucitó, ¡algo humanamente imposible! ¿Alguna vez leíste en la Biblia a Jesús decir: «soy un genio, miren todo lo que hice»? Claro que no. Simplemente lo demostró.

Jesús, siendo quien era, se rodeó de personas marginadas, desconocidos, rechazados y débiles, ¿Por qué no se codeó con los poderosos? ¿por qué no apuntó directamente en su ministerio a quienes pueden hacer que las cosas sucedan? Ese no era el objetivo. Claramente, la humildad cuenta una mejor historia y, cuando todo se supo, se volvió viral sin necesidad de construir una imagen «para el afuera».

En pocos lugares de la Biblia Jesús se autodescribe, pero en Mateo 11:29 (NTV) dice: «Pónganse mi yugo. Déjenme enseñarles, porque yo soy humilde y tierno de corazón, y encontrarán descanso para el alma».

La verdadera gentileza es tener poder pero bajo control, es poder haciendo el bien, no para exaltarnos a nosotros mismos sino para ayudar al prójimo. Eso es la humildad. Imagina esto: un caballo inmenso montado por apenas un niño, un río caudaloso fluyendo dentro de sus orillas, una ráfaga invisible empujando una turbina de avión. Y en eso reside la humildad, tener el poder de ser gentil y no alardear, sino hacerlo de corazón como lo hizo Jesús.

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