Somos originales. Especiales. Piezas únicas, pensadas por un Dios creativo que supo hacer de nosotros seres inigualables. Somos diferentes unos de otros, eso no nos hace ni mejores ni peores, porque no debemos compararnos con nadie.
Dios pensó en individuos con características diferentes y nos dio capacidades y habilidades distintas para que llevemos a cabo Sus planes divinos.
«Así como nuestro cuerpo tiene muchas partes y cada parte tiene una función específica, el cuerpo de Cristo también. Nosotros somos las diversas partes de un solo cuerpo y nos pertenecemos unos a otros. Dios, en su gracia, nos ha dado dones diferentes para hacer bien determinadas cosas» (Romanos 12:4-6, NTV).
Nos entregó dones como Él quiso darnos a cada uno, con un objetivo específico, y es que los utilicemos con cuidado, con servicio y con responsabilidad para el crecimiento del cuerpo de Cristo. No debemos imitar o desear lo que se le ha entregado a otros, porque eso dañará nuestro propósito. Cuando realmente nos damos cuenta de que Dios nos ama, aprendemos a valorarnos a nosotros mismos, a identificar y estimar nuestras habilidades y talentos y a creer que Su gracia está en nosotros como un sello especial. Es posible aprender a ser felices como Dios nos hizo.
Como iglesia de Cristo, nos pertenecemos unos a otros y debemos trabajar juntos. El versículo 6 indica que «Dios, en su gracia, nos ha dado dones diferentes para hacer bien determinadas cosas«. El mismo Señor, en su favor y bondad, como un regalo, nos capacitó para hacer bien determinadas cosas. Esto significa que todos tenemos una habilidad especial. No hay una persona en este mundo que no tenga nada. Por esa razón, valoremos, amemos y ocupémonos en desarrollar, junto con el Espíritu Santo, lo que Dios nos ha entregado, porque es para el bien de todo el cuerpo de Cristo.
Tres puntos importantes que hay que tener en cuenta:
- Todo lo que poseemos proviene de Dios (Santiago 1:17).
- Lo que nos ha sido dado es para que lo multipliquemos (Juan 15:15-17).
- Todo lo que hagamos debe ser para la gloria de Dios (1° Pedro 4:10-11).
Lo que tenemos es para trasladarlo a todos los espacios en los que nos movamos. ¿Hemos identificado nuestros dones y talentos? ¿Los estamos utilizando solo para nuestro beneficio? El Espíritu Santo nos guiará a lugares en los que sea necesario desempeñar ciertas actividades con creatividad. En el arte, en los deportes, en la música, en el trabajo, en la universidad y en nuestras actividades diarias, el Señor desea que podamos expresar cada don o habilidad que nos ha otorgado. En la iglesia o fuera de ella, independientemente de dónde nos encontremos, debemos reconocer que poseemos características y una bendición especial para contribuir y ayudar a los demás. ¡En nuestras manos tenemos un regalo para compartir!
Autora: Ruth Castro
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