En el libro de Cantar de los Cantares dice: «Atrapen a las zorras, a esas zorras pequeñas que arruinan nuestros viñedos, nuestros viñedos en flor» (Cantares 2:15, NVI).
Las zorras son pequeños animales que se meten en los viñedos para comer sus frutos y destruirlos. Debido a su tamaño y a su astucia, son sumamente difíciles de atrapar, porque se escabullen rápidamente. En la época primaveral es cuando en los viñedos nacen pequeñas flores blancas que, posteriormente, se convertirán en frutos, las uvas. Estas zorras llegan para afectar la cosecha; sin embargo, la magnitud y las consecuencias del daño solo se pueden calcular a largo plazo.
Las zorras, en nuestra vida cristiana, podrían representar aquellos pequeños detalles que muchas veces no le prestamos demasiada atención, pero que son semillas que pueden generar frutos que no hemos deseado. La falta de perdón cuando las personas que nos rodean no reconocen sus errores o nos dañan, los celos, la envidia, el resentimiento, la murmuración, los sentimientos de inferioridad, las injusticias. Esto afecta nuestra vida espiritual y comienza en forma pequeña, con ideas que se arraigan en nuestra mente y que posteriormente se reflejan en nuestras actitudes y en acciones que nos conducen inevitablemente al fracaso o a la frustración. Cuando en realidad cada uno de nosotros fue llamado por Dios para llevar frutos, resultados, que permanezcan. Pero nada sucede por casualidad, tenemos que tomar de la sabiduría que nos provee La Palabra para ser capaces de identificar a tiempo todo lo que nos vuelve infructíferos y atrapar a aquellas pequeñas zorras antes de que destruyan nuestro presente y nuestro futuro.
¿Por qué hay que estar alertas con las pequeñas cosas? Porque, como hemos mencionado anteriormente, las pérdidas que ocasionan estas zorras solo se pueden evaluar a largo plazo, y muchas veces hay momentos donde somos permisivos con las pequeñas cosas, porque no somos capaces de visualizar la magnitud del daño que nos pueden causar a futuro. Alojamos pensamientos que no están alineados a la Palabra, considerándolos “insignificantes e inofensivos”. Sostenemos conversaciones que “no pueden causar ningún daño a nadie, solo son opiniones”. Ocultamos hábitos que sabemos que nos hacen mal y no pedimos ayuda porque creemos que podemos solos. Tenemos sentimientos contrarios a la vida que Dios nos pide que llevemos y los callamos o los escondemos en vez de buscar consejo y guía a tiempo. Dejamos que poco a poco nuestro interior se contamine hasta que los resultados empiezan a hablar por sí mismos. La Biblia nos dice que debemos estar siempre alertas, ya que la única misión del enemigo es destruir nuestra vida, y para ello utilizará toda su artillería, grande o pequeña. «¡Estén alerta! Cuídense de su gran enemigo, el diablo, porque anda al acecho como un león rugiente, buscando a quién devorar» (1° Pedro 5:8, NTV).
Reflexionemos y meditemos en oración y a la luz de La Palabra sobre: ¿qué es lo que nos está trayendo pérdida? Escuchemos lo que Dios nos dice y trabajemos en producir los cambios. Si lo permitimos, el Espíritu Santo nos guiará cuando sea necesario, ¿lo podremos oír? Él siempre está dispuesto a conducirnos para que hagamos las correcciones necesarias a tiempo.
Prestemos atención a los detalles, ya que pueden robar nuestro presente y destruir el futuro o construir y contribuir a la vida gloriosa que Dios tiene para nosotros.
Autora: Ruth Castro
Somos Reactivoz, la plataforma de noticias, música, actualidad y cultura cristiana para Latinoamérica. Si quieres apoyarnos comparte las noticias e información que han sido de tu interés.


















