¡Hola! Soy Natalia Kaukian. Hija menor de un papá pastor y una mamá médica. Uno ayuda con las heridas físicas, el otro con las heridas espirituales. De ese combo nací yo, Nati de «Milla Extra». Docente, casada con un músico, recientemente mamá y, por sobre todas las cosas, cristiana… cristiana por convicción.
«… y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos.» – Mateo 5:41
¿Conocés este concepto? ¿Alguna vez escuchaste decir que hay que dar «la milla extra»? La primera vez que escuché estas palabras fueron en una reunión de jóvenes de la iglesia, y ¡me encantó la idea! (aunque era un poco difícil de cumplir).
Jesús hablaba de algo que a nadie le gustaba hacer. En el Imperio romano, un oficial militar podía forzar a cualquier civil judío a llevar su mochila pesada hasta una milla (1,609 kilómetros). Era el derecho del oficial y la obligación del judío acatar esa orden. No podías negarte ante la orden, él podía obligarte a hacerlo.
Cuando Jesús habla de hacer una milla extra, se refiere a hacer algo más de lo pedido, a hacer un esfuerzo y no por obligación sino por gusto, por placer, por amor. La primera milla la das como «esclavo», no hay opción, es una orden a cumplir sí o sí. La segunda, la das desde la libertad; pudiendo sólo cumplir con tu obligación decidís hacer más que eso.
Vivimos en una sociedad egocéntrica donde cada uno hace lo que tiene que hacer y nada más (y a veces ni eso, a veces hasta se cuestiona el «deber hacer»). Todos sabemos lo que debemos hacer o no hacer en nuestros entornos: trabajo, amistades, matrimonio, estudio, etc. Pero, ¿qué pasaría si hacemos más de lo que se nos pide como estándar? Llegar antes al trabajo o quedarnos un rato más, ayudar a un compañero que parece muy solitario, sorprender con un regalo a tu novia/o sin que sea una fecha especial, ayudar a quien quizás no nos ayudaría a nosotros, etc.
El mejor ejemplo de este concepto es Jesús, toda su vida, y aun su muerte y resurrección se trata de esto, de dar más por amor.
Recorrer la segunda milla es hacer más de lo que se espera de nosotros y hacerlo voluntariamente y de buena gana. La gran ventaja de este camino es que hay poco tráfico en esta milla extra: no somos muchos los que la recorremos. Que Dios nos ayude y nos dé la fuerza para hacer la milla extra y ser factores de impacto y de cambio en nuestra sociedad.
Desafío
Si queremos ser realmente diferentes, empecemos a hacer una milla extra al día. Pedile a Dios que te muestre y te dé oportunidades para ir más allá. No te conformes con hacer solo lo que se pide. ¡Sal del estándar de lo común, ANÍMATE A DAR MÁS POR AMOR!
¡Hola! Soy Natalia Kaukian. Hija menor de un papá pastor y una mamá médica. Uno ayuda con las heridas físicas, el otro con las heridas espirituales. De ese combo nací yo, Nati de “@milla.extra”. Docente, casada con un músico, recientemente mamá y, por sobre todas las cosas, cristiana… cristiana por convicción.


















