Recuerdo cuando era muy niño, en casa había un viejo equipo de sonido con un pequeño micrófono y un cassette. Solía jugar grabando mi voz, mezclando jingles de emisoras locales y comerciales, imaginando que era un presentador o un periodista. No lo sabía entonces, pero Dios ya estaba sembrando en mi corazón una pasión que, con el tiempo, se convertiría en propósito.
En el año 2013, una emisora online llamada We Are One Radio (la predecesora de Reactivoz) abrió una convocatoria para formar parte de su equipo. Esa oportunidad me permitió dar mis primeros pasos, presentar algunos programas, escribir artículos, realizar entrevistas y hacer cubrimientos a artistas y bandas. Fue una experiencia que marcó el inicio de un camino donde la comunicación y la fe empezaron a encontrarse.
Años más tarde, durante la pandemia, junto a nuestro director Lucas Rock y Giovanny Pérez, fundamos lo que hoy es Reactivoz. Lo que comenzó como un sueño en medio de la incertidumbre, se convirtió en un medio que ha crecido, ha sido reconocido en varias ocasiones y ha ganado premios como los Premios Águila, Mundo Hit y Praise Music Awards.
Esta vez, sin embargo, la historia tiene un matiz distinto. Es la primera ocasión en la que fui niminado de manera individual en la categoría Mejor Presentador Audiovisual. Y, aunque el simple hecho de estar postulado ya es un honor, lo vivo más como un recordatorio de lo fiel que ha sido Dios a lo largo de los años. Y qué mejor forma de celebrarlo escribiendo estas líneas, haciendo lo que amo y apasiona.
Hoy, además de escribir artículos y realizar entrevistas y reseñas en Reactivoz, también avanzo en lo que será mi primer libro, un proyecto que he venido trabajando con mucha ilusión y oración. Paralelamente, sirvo junto a mi esposa y algunos amigos en un proyecto evangelístico llamado Outsiders Movement, donde producimos podcasts y contenidos que combinan música, propósito y fe. También soy cofundador de Metal Extremo, una comunidad donde apoyamos la escena musical con fundamento cristiano, y en mi iglesia local, Movimiento en Cajicá, Colombia, donde tengo el privilegio de enseñar, pastorear y predicar a niños, jóvenes y familias.
Al mirar atrás, no puedo más que sentir gratitud. Gratitud por las personas que Dios ha puesto en mi camino, por las puertas que se han abierto, y por las veces que mis propias debilidades —mi timidez, mis inseguridades o mis dificultades al hablar— se han convertido en los medios que Él usa para mostrar Su poder. Como dice 2° Corintios 12:9: «Mi poder se perfecciona en la debilidad».
Esto no lo escribo como una autobiografía, si no para decirte que si tú también eres o fuiste ese niño o esa niña que soñaba con algo grande —con un micrófono, una guitarra, una cámara, un cuaderno o simplemente con cambiar el mundo desde tu rincón—, te pregunto: ¿qué ha pasado con esos sueños? ¿Aún los guardas en tu corazón?
Si hoy estás caminando hacia ellos, no te detengas. Y si los habías dejado a un lado, vuelve a creer. Dios no se ha olvidado de lo que sembró en ti.
Cultiva ese sueño, trabaja, estudia, ora, capacítate y confía en que, a su tiempo, Dios hará florecer lo que Él mismo plantó en tu interior. Porque «Dios da el crecimiento» (1° Corintios 3:6), y cuando le entregamos nuestros planes y sueños, Él los alinea con los suyos, que son perfectos, eternos y pensados en nosotros «desde antes de la fundación del mundo» (Efesios 1:4).
Este artículo no lo escribo para creerme lo máximo, ni para enaltecerme —porque ni siquiera gané, ya que estuve en medio de grandes comunicadores, mucho más reconocidos que yo—, si no para darle un pequeño impulso a tus sueños.
Espero esta historia te anime a seguir soñando, sembrando y creyendo en los sueños que nacen del corazón de Dios siempre perduran y se harán realidad en tu vida.


Comunicador & pastor de jóvenes.
Fe, cultura y vida real
Historias, mensajes y contenido con propósito


















