¿Te ha pasado alguna vez de buscar algo y no encontrarlo? ¿Y aunque pase el tiempo y pidas ayuda para buscar lo perdido, aun así no lo encuentras y terminas dándolo por perdido? Llega un momento en el que uno se rinde, ¿no?
Si este artículo hablara de los propósitos de Dios, de buscarlo a Él -aun en momentos difíciles como las pruebas- te diría que no dejes de buscarlo y que, tarde o temprano, Él y Su propósito te encuentran y todo habrá valido la pena.
Pero este hablará de algo que últimamente está en mi mente: ¿Qué ocurre cuando hay alguien que te busca a ti? Y no hablo de buscar de buena manera. Hablo de buscar para pelear o provocar. ¿Alguna vez te ha sucedido de tener una persona que sabe que eres cristiano/a y provoca situaciones para que respondas y hacerte enojar? Claro que, seguido de eso, se viene un «Uy, ¿no era cristiano?» Y ahí nos sentimos mal nosotros.
Acá va mi humilde opinión y lo que he aprendido hasta el momento: Que no «te encuentren». Sé que es difícil, ya que mi «Nati humana» tiene muchas ganas de defenderse y de responder, hasta de usar versículos para respaldar mi temperamento impulsivo y decirle muchas cosas. Pero… he aprendido que si yo dejo mi «Nati humana» por mi «Nati espiritual» tengo más beneficios, sobre todo, para mí misma. La otra persona se cansará de buscar y no encontrar y dará por terminada la búsqueda.
Esto me lleva al dominio propio. ¡Qué difícil es tenerlo y practicarlo! Pero la buena noticia es que, si tienes al Espíritu Santo, tienes este fruto, por lo tanto, solo tienes que pedirle al Señor que te ayude a aplicarlo para no tener que sufrir las consecuencias luego.
Es muy probable que «si te encuentran», digas cosas que lastiman o que realmente no sientas, y luego te haga sentir culpable. Por eso, es muy importante hacer silencio y simplemente dejar que busquen y busquen hasta que se cansen y den por perdida la batalla.
Jesús es nuestro mayor ejemplo: lo burlaron, maltrataron, violentaron, ¡injustamente! y El hizo silencio. Él era Dios. Podía hacer lo que quisiera, podía responder lo que se le ocurriera y tendría razón, pero sabía que todo lo que pasaba tenía un propósito y confiaba en eso más que en cualquier otra cosa.
A continuación, te dejo algunos versículos que hablan un poco de esto:
- Proverbios 14:29: «El que tarda en airarse es grande de entendimiento; mas el que es impaciente de espíritu enaltece la necedad».
- Proverbios 19:11: «La cordura del hombre detiene su ira, y su honra es pasar por alto la ofensa».
- Santiago 1:19: «Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse»
Sé que no es fácil y que, en muchas ocasiones, la paciencia, el amor por el prójimo y la bondad seguida del dominio propios nos quieren abandonar. Pero te animo a ser más fuerte que tus emociones, a no guiarte por tu «yo humano» y vencer la provocación con tu «yo espiritual».
¡Hola! Soy Natalia Kaukian. Hija menor de un papá pastor y una mamá médica. Uno ayuda con las heridas físicas, el otro con las heridas espirituales. De ese combo nací yo, Nati de “@milla.extra”. Docente, casada con un músico, recientemente mamá y, por sobre todas las cosas, cristiana… cristiana por convicción.


















