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Meditando en el poder de las palabras (para la mujer de hoy)

Que importante es tener pensamientos y palabras gratas que alegren a nuestro Dios. Dicen que las mujeres hablamos demasiado o varios temas a la vez, y ¡es verdad! Qué tal si usamos esta habilidad para establecer principios divinos. Alguna vez como mujer, ¿te has puesto a pensar el valor que tienen tus palabras para Dios? Tenemos que desarrollar una conciencia de las palabras que salen de nuestra boca para hacer buen uso de ellas.

Hay un poder detrás de nuestros dichos y es muy importante como hijas de Dios hablar bendición en nuestra vida cotidiana. Pedirle ayuda al Espíritu Santo es la clave para saber distinguir cuando lo que estamos hablando no se alinea con la Palabra de Dios, y de esta manera, trabajar en erradicar las palabras dañinas que puedan traer consecuencias negativas sobre nosotras y sobre nuestro entorno.

Salmos 19:14 dice: «Que las palabras de mi boca y la meditación de mi corazón sean de tu agrado, oh Señor, mi roca y mi redentor». (NTV)

Nuestro anhelo debe ser agradar a Dios, con nuestros pensamientos, con nuestros actos y con nuestras palabras, ¡con nuestra vida entera! Somos hijas amadas, estamos bendecidas y todo lo podemos en Cristo. Jesús mismo no enseña que todas las cosas en el Cielo y en la tierra se sostienen con el poder de la palabra (Hebreos 1:3).

Así mismo, las palabras pronunciadas por nuestra boca sustentarán nuestro mundo. Somos como Cristo en esta tierra, con sus mismas habilidades y su misma autoridad. Debemos atender y meditar sobre qué estamos hablando, porque esa es la base sobre la cual edificaremos nuestra vida. Renovar nuestra mente con la Palabra de Dios traerá como resultado hablar lo que Dios habla: fe, amor, paz, aliento, ánimo, alegría, esperanza. No es positivismo es un principio divino.

Todo lo que hablamos tiene el poder de edificar o derribar. Que en nuestro andar diario desarrollemos un corazón con el cual podamos decir: «¡Señor, que mis palabras y mis pensamientos sean aceptables delante de ti!»

Autora: Ruth Castro

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