Te animo a pensar en una persona que quieras mucho, que te guste hablar con ella, que pasen los días y necesites saber cómo esta o contarle algo que te haya sucedido.
Ahora imagina que solo puedes encontrar a esa persona en un lugar y tiempo específico. Debes sacar turno porque no está al alcance de un celular. No. Debes prepararte para ver a esa persona, y, sobre todo, disponer del tiempo, conocer el lugar donde se encuentre y ser una persona de renombre porque si no eres importante o tienes un cargo no puedes verla. Aparte, es una persona muy ocupada con mucha gente, si no posees una cita previa, difícilmente puedas hallarla.
Tienes mucho para hablar, quieres a la persona, la extrañas, pero no puedes. «No te da la talla» para ir, tocar la puerta y decir «soy yo», preparar un mate o un café y simplemente charlar de la vida.
Cuando pienso en eso, pienso en las épocas bíblicas donde solo algunos podían hablar con Dios. ¡No podían conversar con Él mientras iban en el autobús, en las noches de insomnio, ni de camino al trabajo! Solo algunos podían entrar en Su presencia, decir las palabras correctas y los demás, guiarse por esa persona mediadora.
Hace un tiempo escucho una canción que dice «perfecta fue esa cruz, la que me dio el acceso para poder hallarte en mi lugar secreto». La cruz partió el velo en dos, abrió las cortinas del templo que separaban a Dios de todos los hombres, a las personas «de título» de las «personas comunes».
Ya no hizo falta ir a ningún lugar en especial, a una sinagoga o iglesia para hablar con Dios, solo es necesario un corazón dispuesto y una búsqueda genuina de Dios en espíritu y verdad.
En mi casa tengo un mueble con cajones que tiene un sector en desuso. Lo abro todos los días porque allí guardo perfumes, desodorantes, etc.; cosas útiles que me obligan a que sea lo primero que abro cuando me despierto o me visto para salir. En ese mueble, comencé a pegar papelitos con versículos, con temas de oración, con frases de fortaleza, con fotos de seres queridos y de momentos memorables. Luego de ver la película «Cuarto de Guerra» (si aún no la viste, te la recomiendo) comencé a implementarlo. Si bien no tengo «otro cuarto» en mi casa, si tengo ese pequeño rincón, esas puertitas para empapelar de recordatorios.
Y cada uno puede tener su rincón, su cuarto para hablar con Dios, de hecho, creo que los baños son un buen lugar, muchas veces es el único lugar de paz donde uno puede estar. Y ese libre acceso, en cualquier hora y en cualquier lugar, es un privilegio. Poder encontrar a Dios donde queramos y necesitemos es un privilegio y también una oportunidad. Ya no podemos tener excusas de falta de tiempo ni de disponibilidad en la agenda. No importa donde estés, con quien, cómo o cuando, tienes libre acceso a Su presencia. Disfrútala. Valórala. No pierdas la oportunidad de charlar de igual a igual mientras ves un hermoso atardecer, desayunas o viajas. Dios es nuestro compañero de vida disponible 24/7. ¿Se puede pedir algo más?
¡Hola! Soy Natalia Kaukian. Hija menor de un papá pastor y una mamá médica. Uno ayuda con las heridas físicas, el otro con las heridas espirituales. De ese combo nací yo, Nati de “@milla.extra”. Docente, casada con un músico, recientemente mamá y, por sobre todas las cosas, cristiana… cristiana por convicción.


















