¿Podrías adivinar la profesión de una persona solo por su apariencia física? ¿Podrías saber cómo está compuesta la familia de una persona solo con observarla a la distancia? ¿Podrías conocer sus miedos solo por ver una foto?
Vi en redes sociales un experimento social en el que se encontraban muchas personas paradas una al lado de la otra: personas de diferentes países, edades, contexturas físicas, profesiones, etc. Otra persona, parada frente a ellas, debía responder diferentes consignas, como la profesión o la nacionalidad, según lo que veía. Solo con observar, debía responder.
La conclusión del experimento social era, básicamente, que las apariencias engañan y que las personas juzgamos y prejuzgamos tan solo por lo que vemos.
Días atrás, atravesaba una situación de mucha preocupación e incertidumbre. Algo merodeaba constantemente en mi mente y no podía dejar de pensar en ello. Al punto de ir al supermercado, dar mal el dinero para pagar u olvidar cosas básicas de la casa. Realmente tenía la cabeza puesta en este asunto y no podía pensar en todo lo demás con claridad.
¿Cuántas veces vemos y juzgamos a las personas, sacamos conclusiones y no tenemos idea de lo que realmente les sucede (o les sucedió) en la vida? Quizás afrontan problemas demasiado graves o importantes como para estar como están o para actuar como lo hacen. ¿Quiénes somos nosotros para ponernos en el lugar de un juez y determinar tal o cual cosa?
La Biblia nos recuerda algo muy importante: «El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.» — 1° Samuel 16:7.
Nosotros vemos una cara, una actitud, una reacción, una situación. Pero Dios ve el corazón. Él conoce las luchas, las heridas, los pensamientos y los procesos que muchas veces permanecen ocultos para los demás.
Y con esto no busco que justifiquemos el accionar de muchas personas que están haciendo las cosas mal o que lastiman a otros. Simplemente cambio el foco y pienso: «Esta persona yo la veo así, pero… ¿le estará pasando algo más profundo?» O «Sí, me trató mal, pero yo intentaré hablar en buenos términos porque, quién sabe si está intentando descargar algo muy pesado para ella”.
Podemos estar al lado de una persona que esté atravesando procesos que desconocemos y que tampoco tenemos por qué conocer. Hoy te animo a pensar más allá del conflicto, más allá de la pelea, más allá de las personas que tenemos físicamente al lado.
Te animo a orar por aquellas personas que están luchando internamente. Como vos. Como yo.
¡Hola! Soy Natalia Kaukian. Hija menor de un papá pastor y una mamá médica. Uno ayuda con las heridas físicas, el otro con las heridas espirituales. De ese combo nací yo, Nati de “@milla.extra”. Docente, casada con un músico, recientemente mamá y, por sobre todas las cosas, cristiana… cristiana por convicción.


















