En Argentina tenemos una costumbre muy linda: tomar mate. El mate es una infusión caliente, y cada uno puede prepararla como más le gusta. Pueden variar las formas de prepararse, de servirse, de tomar, pero hay algo que todos los tomadores de mate coincidimos: el agua no puede estar tibia. Tiene que estar caliente. Si el agua está fría, se enfría la yerba y hay que volver a calentarla y a veces volver a preparar el mate.
¿Qué pasa cuando pedimos comida o salimos a cenar y la comida llega fría o tibia? ¿Qué ocurre cuando en pleno invierno queremos tomar un café caliente y este se enfría? ¿Y en verano cuando necesitamos un refresco para matar el calor y al buscarlo está tibio? Estoy segura que no nos gusta nada.
Tomando mates, me puse a pensar en nuestra vida espiritual… ¿Qué pasa cuando somos tibios o nos vamos enfriando? Cuando somos cristianos los fines de semana para las actividades de la iglesia, pero de lunes a viernes no vivimos con tales. Sí, es verdad que «todos somos pecadores» y que es difícil luchar contra determinadas tentaciones. Lo sé. Cada uno tiene sus propias luchas, pero en ese mismo instante de tentación y lucha, ¿seguimos siendo cristianos? ¿Le damos lugar a Dios?
Te animo a que pensemos juntos de qué lado estamos. Va a llegar un momento (si todavía no sucedió) en que vas a tener que tomar una decisión. Ser o no ser, esa es la cuestión. No podemos ser tibios. O eres frío o eres caliente. O eres hijo de Dios y te la juegas –aunque cueste todos los días– o no lo eres y vives una vida sin tenerlo a Dios en cuenta.
No puedes ser dos días de un equipo de fútbol y dos días de otro. En el Reino de Dios pasa lo mismo, no hay tibios. No puedes servir a dos dioses. Te tienes que poner la camiseta y defender a tu equipo: en las malas y en las buenas. Es quien eres y tienes que estar convencido de eso.
En la vida hay que decidir, no es relativo. Debemos ser radicales. No digo que sea fácil, porque cuando el Señor dice que «hay que tomar la cruz y seguirlo» no habla de que la vamos a pasar bien, pero esa decisión de seguirlo cada día va a valer tu eternidad.
Cuando Jesús vino a la tierra fue radical, lo hizo por amor y se la jugó. Aún sabiendo que íbamos a fallar, que nos iba a costar seguirlo, que íbamos a pecar y que muchas veces hasta lo íbamos a negar, Él se la jugó por nosotros. No dudó, no fue tibio, se jugó su propia vida.
Dios, en su amor por cada uno de nosotros, nos deja elegir. No obliga a nadie a seguirlo o a ignorarlo. Él respeta tu decisión. Te animo a que te decidas, a que tomes la mejor decisión: dejar de ser tibio y elegí el camino de la vida, elegí una vida con Dios.
¡Hola! Soy Natalia Kaukian. Hija menor de un papá pastor y una mamá médica. Uno ayuda con las heridas físicas, el otro con las heridas espirituales. De ese combo nací yo, Nati de “@milla.extra”. Docente, casada con un músico, recientemente mamá y, por sobre todas las cosas, cristiana… cristiana por convicción.


















