He observado en varias oportunidades que nosotros, los seres humanos, somos perfeccionistas, autocríticos y sobreexigentes. Creo que una de las mayores falencias es pensar en que «yo puedo con todo» o «yo puedo sola/o»; estas son etiquetas que se fueron construyendo en la infancia, consolidando en la adolescencia y potenciando en la juventud y adultez.
¿Realmente creemos que podemos solos? ¿Qué únicamente la solución la tenemos solo nosotros? Lamentablemente, la respuesta es sí. Nuestro ego y orgullo nos impiden ver con claridad, y nos estancan en esta creencia, o mejor dicho, distorsión. Cuando me he visto en situaciones desde esta perspectiva, me he cuestionado: «¿Y tu dependencia en Dios, Melody? ¿Dónde está?» Es fundamental entender que Él es nuestro Salvador, el que rindió su vida por nosotros, que Él es quien tiene todas las respuestas a nuestras preguntas. Y sin embargo, seguimos dudando ¿En qué momento el ser humano se creyó más sabio que Dios?
El conflicto es que depositamos la confianza solo en nosotros mismos, en nuestras capacidades, en nuestra forma de pensar y olvidándonos de entregarle nuestra confianza a Él. Comprender que somos fuertes en Cristo, pero sin Él somos vulnerables; comprender que somos sabios, pero porque el Espíritu Santo habita en cada uno de sus hijos. Somos dignos, capaces y útiles en sus manos, siguiendo sus pasos, abrazando su guía.
Hay un proverbio que me encanta que dice lo siguiente:
«Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas». Proverbios 3:5-6 (NVI).
Esto no quiere decir que andemos por la vida con inseguridad, sino que sepamos recurrir a la fuente, que dependamos de Dios y no de nosotros. Afirmando que su voluntad siempre es buena, agradable y perfecta.
Por otro lado, mencionar que Dios dispuso de personas que nos pueden acompañar en este camino en cada proceso de nuestra vida. Personas con más experiencia, con más pasos dados en la fe, personas capacitadas que también dependen de Dios y son acompañadas. Si no tienes mentores o líderes, te animo a que busques uno, ya que es fundamental recurrir a personas que nos alienten, nos corrijan, cuiden e impulsen a seguir creciendo.
«Obedezcan a sus líderes, porque ellos cuidan de ustedes sin descanso, y saben que son responsables ante Dios de lo que a ustedes les pase». Hebreos 13:17 (TLA).
No estamos solos, vivimos en sociedad, socializamos y profundizamos con nuestros vínculos. Por eso, te quiero dejar 3 puntos centrales:
- Te aliento a que busques dependencia de Dios, no te olvides que Él es tu amigo fiel, es Él que tiene planes de bien para tu vida. «La mente del hombre planea su camino, pero el Señordirige sus pasos». Proverbios 16:9.
- Te desafío a buscar personas a las cuales puedas mostrar tu corazón, es importante que sea un vínculo de confidencialidad, que puedas hablar sin sentirte juzgado/a y que el objetivo sea revisar tus áreas para seguir creciendo.
- Te animo a que busques profesionales, como psicólogos, nutricionistas, psicopedagogos, terapeutas familiares, profesores, médicos, entre otros, de ser necesario.
Recordemos que la espiritualidad es integral. Sigue creciendo y avanzando.


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