Si eres cristiano, seguramente conozcas o hayas escuchado esta historia, y si no, aquí les va un resumen.
Vemos dos pueblos, por un lado el pueblo de Israel, y por otro los filisteos. Estas dos naciones se encontraban en guerra. Cada una contaba con sus respectivos ejércitos, pero de entre los filisteos había alguien que infundía miedo a los israelitas: Goliat. Goliat era un gigante, literalmente. Era mucho más grande que todos los demás.
Del lado del pueblo de Israel, quien propone hacerle frente porque no le teme al gigante, es David. Es realmente hermoso ver cómo llega David a este escenario, porque él no era un soldado, era un simple pastor de ovejas que «pasaba por ahí» (como si existieran las casualidades…). Si quieres ahondar más, busca la historia en la Biblia y lee todo el contexto (1° Samuel 17). David observa al gigante y decide luchar contra él. Claro que nadie le tiene mucha fe porque al parecer las diferencias tanto físicas como habilidosas eran notorias. Pero David confiaba en su Dios, aun cuando no tenía ni la más mínima idea de pelear contra ejércitos o gigantes.
¿Te cuento el final? David mata al gigante. Lo derriba con una onda y una piedra, y luego, estando Goliat en el piso, David le corta la cabeza.
6 consejos prácticos que aprendí de esta historia:
- Dios ve lo que otros no ven. David era capaz de hacerlo. David no era soldado, no había enfrentado ejércitos, pero sí había enfrentado animales grandes para proteger a sus ovejas. Cualquier pastor de esa época sabia cómo defender su rebaño de animales peligrosos con tan solo una honda y una piedra. Humanamente, nadie lo habría elegido para esta misión.
- No sirve de nada compararse. A David le quisieron poner todo el armamento de un soldado, quisieron darle espadas y escudos, pero no funcionó. David no necesitaba lo que tenían otros. Él necesitaba lo que él sabía usar, sus herramientas y capacidad.
- Si estás buscando lío, estás buscándome a mí. El gigante Goliat, aparte de dar miedo por su aspecto físico, desafiaba constantemente al ejército de Israel burlándose de su Dios. Cuando David lo escuchó, preguntó: «¿Quién se cree que es para desafiar al ejercito del Dios viviente?» A veces, va a tocar defender nuestras convicciones con palabras, con hechos, con decisiones y hay que jugársela.
- El gigante no es tan gigante como parece. Al lado de Dios, nada ni nadie es lo suficientemente grande como para intimidarnos, desafiarnos, ganarnos. Somos sus hijos y Él peleará por nosotros. Solo tenemos que confiar y ver con Sus ojos.
- No es quién seas, es con quién vas. No importa en qué trabajes, ni hijo/a de quién seas, no importa tu nombre o apellido. Tus habilidades o tus carencias. Si vas con Dios, la victoria es segura en Él.
- Al gigante no solo hay que desmayarlo, hay que terminar de matarlo. Sea el gigante que sea que estés enfrentando hoy en tu vida, te animo a desactivarlo. Hay una parte que nos toca a nosotros. Ser determinados y cada vez que el gigante aparezca (problema, miedo, etc.) recordar las promesas de Dios para nuestras vidas y descansar con confianza en Él.
¡Hola! Soy Natalia Kaukian. Hija menor de un papá pastor y una mamá médica. Uno ayuda con las heridas físicas, el otro con las heridas espirituales. De ese combo nací yo, Nati de “@milla.extra”. Docente, casada con un músico, recientemente mamá y, por sobre todas las cosas, cristiana… cristiana por convicción.


















