Dice la Palabra que los hijos de Dios tendremos que atravesar dificultades, pero no estamos solos, tenemos un Padre que vendrá a nuestro rescate y proveerá los recursos necesarios para que caminemos en victoria (Salmos 34:19).
Todos nos hemos sentido débiles, cansados y sin fuerzas en muchas ocasiones. Pero no debemos avergonzarnos de reconocer que hay situaciones que nos agobian y no sabemos cómo seguir adelante. Nuestras fuerzas son humanas y limitadas, por lo que necesitamos aprender a depender de Dios para obtener la sabiduría necesaria que nos ayude a transformar nuestros fracasos en victorias. Nuestras tristezas en gozo. Nuestros temores en fe. Solo Dios es capaz de tomar cada una de nuestras debilidades y transformarlas en grandes fortalezas.
«Da fuerzas al cansado y le aumenta el poder al que no tiene vigor. Aun los muchachos se fatigan y se cansan; los jóvenes tropiezan y caen. Pero los que esperan en el SEÑOR renovarán sus fuerzas; levantarán las alas como águilas. Correrán y no se cansarán; caminarán y no se fatigarán.» (Isaías 40:29-31, RV2015).
Los que realmente aprenden a confiar en el Señor encontrarán en Él las fuerzas, el valor y ánimo necesario para no rendirse y seguir caminando en FE. Porque cuando nuestras fuerzas se acaban, comienzan las de Dios. No solo recibiremos una nueva fortaleza de parte del Señor, sino que también nuestra perspectiva de la vida cambiará. «Diga el débil: Fuerte soy» (Joel 3:10, RV).
¿Cómo puede una persona que está experimentando un momento de debilidad decir que es fuerte? Cambiando su visión de la situación. ¿Y cómo puede cambiar su visión? Transformando la manera de pensar con la Palabra de Dios. Entonces, si Dios dice que el débil diga «soy fuerte», «soy valiente», «todo lo puedo», nosotros nos alineamos a esa confesión y la creemos como una verdad para nuestra vida. De esta manera nos convertimos en personas que no se rinden y que aprenden a esperar en el Señor sin renunciar en el camino hacia la victoria.
Nuestras debilidades son oportunidades para comprobar el poder transformador de Dios actuando en nuestra vida, y lo que el enemigo desea utilizar para derrotarnos se convertirá en un cántico de victoria (2° Corintios 12:9-10).
No importa en qué área podamos sentirnos débiles, contamos con la ayuda del Espíritu Santo (Romanos 8:25-27). Hoy es el día para creer y confesar: ¡Fuerte soy!
Autora: Ruth Castro
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