No estoy segura si lo que voy a decir está bien, pero para ser sincera con ustedes, estoy posponiendo un encuentro con una persona porque estoy segura de que cuando la vea, solo hablaremos de su pasado. De las cosas que vivió y que aún no puede dejar ir. Ya sé lo que me va a decir y, sinceramente, más que escucharla no tengo otro consejo para darle que el que ya le di en nuestros encuentros anteriores.
La persona no es cristiana, no se considera como tal, aunque lo haya sido y haya sido parte importante de la iglesia. Claro que, en sus comentarios y cuestiones del pasado, el «palo» para la iglesia siempre está presente.
Esta situación me hizo pensar en cuanta gente hay lastimadas por el pasado y ancladas a él. Viven su presente recordando todo el tiempo lo que sucedió años atrás. Entiendo que duela, hay realidades muy difíciles de soltar o superar. Estoy segura que todos tenemos días o momentos donde el pasado no tan lindo se hace presente y uno no sabe de dónde salió, pero ahí está para condenarte o para hacerte sentir mal de nuevo.
Si sos una persona que no puede soltar el pasado o que su vida anterior se hace presente condenándola otra vez, quiero que sepas que tenemos la capacidad de elegir o desechar pensamientos. Claro que algunos se van a resistir, pero la Biblia nos anima a llevar cautivos nuestros pensamientos a Dios. Cautiva tus pensamientos y dile a Dios que no quieres eso para tu vida, que te hace mal. Él se hará cargo. Buscar profesionales tampoco está mal. Tenemos que ocuparnos de nuestra salud física y también de la salud mental.
Perdonar, aunque no nos hayan pedido perdón, es un gran paso. Difícil pero muy importante. Jamás perdonaremos más de lo que Jesús nos perdona a nosotros. Él es nuestro referente. Él es nuestro ejemplo a seguir. Él no se quedó en la cruz, en el pasado, en la negación de Pedro, en la traición de Judas; Él hizo lo que vino a hacer: Él vino a salvarnos, y podría tranquilamente no hacerlo e intentar huir o evitarlo. Podría recordarnos todo el tiempo nuestros pecados, nuestros errores, nuestra rebeldía… pero no lo hace. Dios no es así. Y nosotros tampoco debemos serlo.
Filipenses 3:12-14 dice: «…lo que sí hago es olvidarme de lo que queda atrás y esforzarme por alcanzar lo que está delante». Si hay cosas que sanar, perdonar, olvidar, hagamos todos nuestros intentos por hacerlo y encomendemos todo a Dios.
Y después de eso, miremos para adelante, prosigamos a la meta. Todavía hay metas y objetivos por cumplir. Todavía hay propósito de Dios en nuestros días.
¡Hola! Soy Natalia Kaukian. Hija menor de un papá pastor y una mamá médica. Uno ayuda con las heridas físicas, el otro con las heridas espirituales. De ese combo nací yo, Nati de “@milla.extra”. Docente, casada con un músico, recientemente mamá y, por sobre todas las cosas, cristiana… cristiana por convicción.


















