El miedo es una emoción que en sí no es negativa, porque en ciertas ocasiones funciona como una alarma con el objetivo de mantenernos a salvo frente a un potencial peligro que se presente. Podríamos denominarlo miedos racionales, que son captados por nuestros sentidos y que nos permiten anticipadamente tomar algún tipo de medida ante un riesgo.
Pero hay un temor que no es saludable y es ese que nos paraliza impidiéndonos avanzar, o el que siempre espera e imagina lo malo que pueda llegar a ocurrir; si no detenemos este tipo de sentimientos a tiempo, terminarán dominando nuestra vida cotidiana. Las consecuencias de una vida basada en el temor son: angustia, opresión, caos en nuestros pensamientos, enfermedades, nerviosismo, dificultades para llevar adelante nuestra vida de oración y comunión, desánimo, pánico, duda, incredulidad, etc.
«Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio» (2 Timoteo 1:7, RVR1960).
Debemos adentrarnos en las verdades bíblicas para afirmar nuestra fe y desarrollar valor y confianza para vencer el temor. Porque el temor debe ser vencido y conquistado con pequeñas acciones en la dirección correcta. Nuestra absoluta confianza y seguridad tiene que estar depositada en el poder que nuestro Dios nos ha delegado para ser completamente libres.
«Así que humíllense delante de Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes» (Santiago 4:7, NTV).
Dos puntos importantes:
- Depositar nuestra confianza en Dios, humillarnos, rendirnos ante Su voluntad para así recibir.
- Dar el primer paso, resistir con la Palabra las intimidaciones e insinuaciones del enemigo, ¿cómo? oyendo, leyendo y confesando lo que está escrito para nosotros. Cristo es el único camino para una verdadera libertad.
El enemigo usará el temor para frenar nuestro avance como hijos e hijas de Dios. Temor a no poder llevar adelante algún proyecto, a los cambios, a emprender, a tomar decisiones, al futuro o a lo que vendrá; temor a no sentirnos capaces, a la soledad, a equivocarnos, al rechazo, a la muerte, etc. El temor y el miedo nos bloquean, nos dirigen a una vida de esclavitud, derrota, miseria y destrucción. Nadie puede escapar del sentimiento de temor, todos hemos atravesado en muchas ocasiones por esa situación, pero la clave es comprender que la única opción es ser valientes y enfrentarlo con fe.
«Pero cuando tenga miedo, en ti pondré mi confianza» (Salmos 56:3, NTV).
Cuando llegue el temor debemos recurrir a Dios, porque Él nos dará la estrategia indicada para salir victoriosos. Solo los que conocen al Señor pueden confiar, creer y descansar plenamente en Él. Es muy importante que nos ocupemos de desarrollar una fe sólida y firme para saber enfrentar los tiempos difíciles y adquirir sabiduría para sortear los obstáculos que se presenten. Depositar en nuestros corazones los principios de la Palabra hará crecer la fe y el amor para que el temor ya no tenga gobierno sobre nosotros. Con Cristo de nuestro lado, podemos vencer en cada paso. Un acto de fe puede hacernos libres. Confesemos en este día: «¡Tengo valor, soy osado/a y voy a vivir valientemente! Amén».
Autora: Ruth Castro
Somos Reactivoz, la plataforma de noticias, música, actualidad y cultura cristiana para Latinoamérica. Si quieres apoyarnos comparte las noticias e información que han sido de tu interés.


















