En un mundo donde muchas personas construyen muros, Dios nos llama a construir puentes. Un muro separa pero un puente une. Un muro dice: «No quiero saber nada contigo», un puente dice: «Busquemos la manera de acercarnos». Un muro busca quién tuvo la culpa, un puente busca cómo sanar.
Estamos en una época donde todo pasa rápido, nos cuesta mucho sostener vínculos. Cuando algo «no funciona» no buscamos arreglarlo, simplemente lo descartamos y buscamos algo mejor, nuevo o distinto. A veces, permitimos que una diferencia se convierta en una distancia y que una herida termine construyendo un muro.
Pero Jesús nos enseñó otro camino: ser pacificadores. Y eso no significa ignorar los problemas ni fingir que nada pasó. Tampoco significa aceptar la injusticia o callar ante lo incorrecto. Ser pacificador significa tener un corazón dispuesto a trabajar para que la paz sea posible.
¿Alguna vez estuviste en el medio de dos personas peleadas? Podrías alimentar el conflicto llevando comentarios de un lado al otro… o podrías ser un puente. En vez de llevar palabras que lastiman, podemos llevar palabras que sanan. Y, a veces, podemos ser pacificadores, aún con el silencio. Sin aumentar ni exacerbar los conflictos.
No siempre podremos resolver todos los conflictos. No podemos obligar a dos personas a reconciliarse. Pero sí podemos decidir no ser parte del problema y, cuando sea posible, ser parte de la solución.
Nosotros podemos ser puentes, mediadores, porque Jesús fue nuestro primer gran puente. El pecado nos había separado de Dios, pero Cristo vino a reconciliarnos. Él tomó la distancia que había entre Dios y nosotros y abrió un camino. No solo fuimos reconciliados. Ahora somos llamados a ser instrumentos de reconciliación.
Te propongo lo siguiente: Antes de hablar, antes de tomar partido, antes de repetir algo que escuchamos, preguntémonos: ¿Estoy construyendo un muro o estoy siendo un puente?
Porque quizás Dios quiere usar tus palabras para que alguien vuelva a hablar con su hermano. Quizás, tu humildad puede evitar una división. Quizás, tu oración puede abrir una puerta. Quizás, tu intervención —hecha con amor y sabiduría— puede acercar a dos personas que hoy están lejos.
Que Dios encuentre en nosotros personas dispuestas a construir puentes.
¡Hola! Soy Natalia Kaukian. Hija menor de un papá pastor y una mamá médica. Uno ayuda con las heridas físicas, el otro con las heridas espirituales. De ese combo nací yo, Nati de “@milla.extra”. Docente, casada con un músico, recientemente mamá y, por sobre todas las cosas, cristiana… cristiana por convicción.


















