Como hijos e hijas de Dios debemos saber que en esta vida tendremos que afrontar dificultades. No podremos evitarlas, pero lo que determinará nuestro destino es cómo nos enfrentemos a ellas. La Biblia enseña que existen dos formas de construir nuestra vida: con sabiduría o sin sabiduría. De manera sabia o de manera necia. Sobre la roca que es Cristo o sobre nuestras ideas y pensamientos.
«Todo el que escucha mi enseñanza y la sigue es sabio, como la persona que construye su casa sobre una roca sólida. Aunque llueva a cántaros y suban las aguas de la inundación y los vientos golpeen contra esa casa, no se vendrá abajo porque está construida sobre un lecho de roca. Sin embargo, el que oye mi enseñanza y no la obedece es un necio, como la persona que construye su casa sobre la arena. Cuando vengan las lluvias y lleguen las inundaciones y los vientos golpeen contra esa casa, se derrumbará con un gran estruendo» (Mateo 7:24-27, NTV).
Las mismas dificultades y problemas, pero con resultados diferentes. De acuerdo con estos versículos, la clave que nos posiciona para lograr la victoria está en: obedecer a Dios. Esto significa alinear nuestra voluntad a la del Señor. Es amar a Dios tanto que podamos ser capaces de seguir cada una de sus instrucciones. Es oír y llevar a la práctica diaria los principios que están escritos en La Palabra para lograr una vida de éxito.
El hombre prudente escuchó la palabra y la aplicó. Fue un hacedor. Actuó en fe. Se adelantó a las situaciones posibles y ante la presión se mantuvo seguro.
El hombre insensato también oyó la palabra, pero no la obedeció. Recibió el conocimiento, pero lo olvidó o no le dio importancia. Y sin los fundamentos sólidos edificó su vida, exponiéndose a una gran catástrofe.
«No solo escuchen la palabra de Dios; tienen que ponerla en práctica. De lo contrario, solamente se engañan a sí mismos» (Santiago 1:22-27, NTV).
Debemos ocuparnos de edificar nuestro interior con los cimientos necesarios que nos provee la Palabra de Dios. Cuando oímos y consideramos lo que el Señor nos dice, nuestra vida se inyecta de fe. La verdadera fe es la que nos impulsa, inquieta y motiva a actuar en consecuencia con lo que hemos escuchado. Es la que avanza paso a paso superando miedos.
«Como pueden ver, la fe por sí sola no es suficiente. A menos que produzca buenas acciones, está muerta y es inútil» (Santiago 2:14-17, NTV).
Cada principio y cada promesa escrita es el deseo de Dios para cada uno de nosotros. Debemos aprender a construir nuestra vida sobre fundamentos firmes. Cristo es lo único estable y duradero. Él es la Roca eterna. Él nunca falla. Él siempre es el mismo. «Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre» (Hebreos 13:8, NTV).
¿Seremos sabios y actuaremos con prudencia o seremos necios y rechazaremos los consejos del Señor? La decisión de edificar y construir nuestra vida sobre la roca o sobre la arena está en nuestras manos. Los resultados que anhelamos para nuestro presente y nuestro futuro dependen de nuestras acciones. Obedecer los mandamientos de Dios siempre nos añadirá una vida de bendición y protección.
Autora: Ruth Castro
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