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Cree intensamente

Hace poco vi por primera vez la película «Intensamente», sé que me tardé bastante en verla, que ya salió la segunda y probablemente estén haciendo la tercera parte. No voy a decir nada que te adelante el final si es que no la viste, pero gracias a esa película aprendí algunas cosas. Entre ellas la siguiente: Nuestras emociones tienen mucho control sobre nosotros. Claro que dependiendo la personalidad de cada uno, algunas emociones estarán más presentes que otras.

¿Qué pasaría si en verdad el que controle todas esas emociones sea nuestro Dios? Hay muchas imágenes en internet de Jesús manejando la consola de las emociones que grafica la película y me pareció espectacular.

Vivimos en una época donde todos nos podemos mostrar vulnerables, porque LO SOMOS. Las emociones están presentes, tienen nombres, y en el caso de los más pequeños, les enseñamos a poder identificarlas para saber y poder resolverlas cuando sea necesario. En la época de mis abuelos o padres, existían frases como «los hombres no lloran» y, más allá del significado de trasfondo, estoy segura que los hombres sí lloraban o sentían una tristeza profunda que no podía ser vista.

Todos tenemos emociones, sentimientos… ¡nos pasan cosas! La pregunta es: ¿Dejarás que Dios controle esas emociones? ¿O intentarás una y otra vez tener el mando? Cuando realmente estés desbordado, ¿dejarás que sea Dios el que gobierne sobre ti o actuarás impulsivamente?

Si vamos a la realidad, las cosas nos pasan en muy poco tiempo. Algunas no nos dan ni tiempo de pensar bien y terminamos reaccionando y, probablemente, después debamos pedir disculpas a otros o a nosotros mismos.

¿Qué hacemos cuándo hay una emoción en particular que nos desborda? Cuando es la alegría está buenísimo y hasta es contagiosa, pero cuando nuestra emoción es tristeza, furia, miedo, ansiedad o envidia ¿Qué hacemos?

La respuesta para todo eso es CREER. CREER INTENSAMENTE. Creer en un Dios que puede controlar hasta mis emociones más feas, hasta esas que me hacen sentir mal a mí y que quizás dañan a otros. Está bien sentir, los sentimientos son humanos, las emociones son parte nuestra, son inevitables, no podemos controlar que surjan, pero sí podemos y debemos controlar hasta donde llegarán. Debemos dejar que sea Dios el que nos ayude a controlar cada emoción que sentimos. Que nos muestre qué hacer frente a ellas.

Jesús también tuvo emociones, también sintió, ¡fue humano! Quiso en su humanidad no llegar a la cruz (yo hubiese pedido exactamente lo mismo). «Si puedo saltearme la parte de la cruz, el sufrimiento, el miedo, la tristeza, la decepción, el dolor, la ansiedad…. por favor te lo pido», pero concluyó diciéndole a Dios: «Que no se haga mi voluntad sino la tuya». Y así es como debemos manejarnos.

Que nuestra oración al Señor sea esa: Señor, estoy así, con esta emoción que me pone mal, no me gusta, no quiero sentirla, o quiero hacer algo al respecto que sé que no está bien. Toma el control, muéstrame qué hacer, y que se haga Tu voluntad y no la mía».

Podemos sentir muchas cosas, pero es nuestra responsabilidad como cristianos no dejar que esas emociones nos controlen. Tomarnos, aunque sea un segundo, para pensar en frío; salir a dar una vuelta, dejárselo a Dios y continuar fortaleciendo nuestro testimonio como cristianos.

Dios nos dejó el Espíritu Santo para que viva EN nosotros, Él sabe precisamente cómo te sientes y sabe cómo solucionarlo. ¿Tu deber? CREER INTENSAMENTE EN ÉL.

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