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Cuando la misión divina nos incomoda

Volví a leer la historia de Jonás. Jonás y el pez grande. Creo que la conoces y, si no, te invito a abrir la Biblia y leerla en el Antiguo Testamento en el libro de Jonás.

Personalmente, es una historia que conozco desde pequeña y he leído la historia muchas veces, hasta la he enseñado casi todos los años en la iglesia, pero como suele pasar, la Biblia siempre tiene algo nuevo que enseñarnos. Y eso es justamente lo que sucedió.

Esta vez me detuve en el enojo de Jonás. En el último capítulo, luego de todas las idas y vueltas, de la huida, de la tormenta, del pez y del arrepentimiento y salvación de Nínive, viene el capítulo 4 que expresa claramente los sentimientos que Jonás tenía no solo contra el pueblo sino contra Dios y Sus planes.

La misión era clara: Jonás debía predicar en Nínive para que se salvaran de la destrucción que Dios mandaría, y así fue. Jonás predicó, los ninivitas se arrepintieron, oraron y Dios los salvó. ¡La misión fue exitosa! Pero eso no parecía agradarle a Jonás. Justamente porque él creía que los habitantes de esa ciudad no merecían el perdón de Dios. ¡Estaba tan ciego por su enojo!

En el versículo 2 dice: «Y oró a Jehová y dijo: Ahora, oh Jehová, ¿no es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra? Por eso me apresuré a huir a Tarsis; porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal.  Ahora pues, oh Jehová, te ruego que me quites la vida; porque mejor me es la muerte que la vida».

Jonás conocía al Señor, sabía que los iba a perdonar y lejos de contentarse con eso, se enojó tanto que le pidió a Dios que le quitara la vida. Jonás no quería que Dios salve a esa ciudad, pero Dios no solo quería que Nínive se arrepienta de sus malas conductas y evite su destrucción, Dios también quería trabajar en Jonás.

«Y Jehová le dijo: ¿Haces tú bien en enojarte tanto?» (4:4). Y este versículo cortito me hizo meditar en nuestros corazones, así como Jonás seguramente hay situaciones que nos enojan, que nos resultan injustas, y muchas veces cuestionamos lo que Dios hace. ¿Es para tanto? No es por minimizar nuestra situación. Hay realidades que entiendo perfectamente que sean para enojarse, pero no perdamos de vista que nada de lo que nos pasa o de lo que Dios permite en nuestras vidas excede su soberanía y control.

La obediencia a Dios –en muchas ocasiones– te llevará a hacer cosas que no quieres, y te harán salir de tu zona de confort, pero siempre recuerda que Dios es soberano. Así como tú y yo tuvimos tenemos muchas oportunidades de volver a Él, los demás también deben tenerlas, incluso cuando nos hayan lastimado. Dios es sabio y tiene el panorama completo de todo. No solo sabe una parte como nosotros, Él conoce todo y sabe lo que hace. Confía en eso.

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