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Cuidando mi salud espiritual: cómo evitar la contaminación interna

Normalmente, cuando acudimos a un médico clínico para abordar algún asunto relacionado con nuestra salud, nos envía a hacer estudios de rutina, entre ellos análisis de sangre. Si algunos de los parámetros de esos análisis no nos dieron bien, nos pide limitar ciertos alimentos de nuestra dieta para lograr una estabilidad y, de este modo, mejorar nuestra salud.

Lo mismo ocurre con nuestra vida espiritual, seguramente a todos nos ha pasado que consciente o inconscientemente tenemos pensamientos de temor, de ansiedad, ideas que destruyen nuestra identidad, sentimientos de fracaso o malos hábitos que nos están trayendo resultados indeseados.

Sin embargo, es fundamental que cuidemos nuestra salud espiritual para identificar qué información estamos introduciendo en nuestra mente. Las redes sociales, la música que estamos oyendo, el contenido de lo que hablamos, lo que ven nuestros ojos que contamina nuestro interior. No hay nada que sea aparentemente inofensivo, si somos hijos de Dios y hemos elegido seguir su camino hay ciertas cosas que debemos restringir de nuestra vida, porque entendemos que son semillas que pueden anidar en nuestro corazón y generar ideas incorrectas, deseos o hábitos que no son compatibles con el estilo de vida que queremos desarrollar en Cristo.

Dicen en 2° Corintios 7:1-2 (PDT): «Estimados hermanos, nosotros tenemos esas promesas de Dios. Entonces purifiquémonos alejándonos de cualquier cosa que contamine nuestro cuerpo y nuestro espíritu. Dediquemos nuestra vida por completo a Dios, mostrando el respeto que le tenemos».

No podemos ser permisivos y decir «no pasa nada», tenemos que ser intencionales con lo que queremos para nuestra vida. Entonces, no solo identificar lo que puede llegar a contaminar nuestra vida, sino que también debemos planificar lo que sí nos acercará más a los deseos y planes de Dios. Definir nuestros hábitos diarios, a qué le decimos sí y a qué le decimos no, porque debemos aprender a decir no cuando sea necesario o esté en juego nuestra integridad. Aprender a utilizar adecuadamente nuestro tiempo y autodisciplinarnos para llevar una vida basada en la santidad y el amor de Dios.

«Ante todo, cuida tus pensamientos porque ellos controlan tu vida. No permitas que salgan falsedades de tu boca ni que tus labios digan mentiras. Mira siempre hacia adelante, fija tu mirada en lo que está frente a ti. Fíjate bien dónde pones los pies y todos tus caminos serán seguros. No te desvíes a ningún lado, aparta tu pie de la maldad» (Proverbios 4:23-27, PDT).

Una dieta es indicada para llegar a un objetivo. ¿Cuáles son nuestros objetivos como hijos de Dios? El objetivo debería ser, en primer lugar, parecernos más a Jesús. Ser como Él es. Actuar como Él actúa. Amar, perdonar, servir. Ser de sus íntimos para manifestar en la tierra Su poder y Su gloria.

¿Seremos capaces de restringir de nuestra vida ciertas relaciones, lugares, conversaciones e ideas para ser de las personas que van a trascender? ¿Seremos de los que eligen llevar adelante una vida de propósito, sometiendo su voluntad a la de Dios? «Tal vez sea cierto lo que dicen: ‘Soy libre de hacer lo que quiera’, pero no todo conviene. Aun si puedo hacer lo que quiera, no debo permitir que nada me domine» (1° Corintios 6:12, PDT).

Hay recompensa para aquel que es capaz de poner los deseos de Dios por encima de los suyos y es capaz de llevar una dieta espiritual equilibrada basada en los principios divinos.

Autora: Ruth Castro

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