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Cultivando gratitud

La vida de una persona agradecida es diferente. La gratitud nos permite ver que lo maravilloso de tener a Dios está escondido en lo cotidiano, en el día a día. Dios es parte de nuestra vida, mucho más de lo que podemos llegar a percibir.

Un corazón agradecido no significa estar libre de problemas o dificultades, sino que es ser capaces de no perder el asombro por los detalles que nos permiten reconocer la supremacía y el gobierno de Dios en nuestra vida y en todo lo que nos rodea.

El apóstol Pablo es un claro ejemplo de una persona que supo ser agradecida en todo tiempo. «Estén siempre alegres. Nunca dejen de orar. Sean agradecidos en toda circunstancia, pues esta es la voluntad de Dios para ustedes, los que pertenecen a Cristo Jesús» (1° Tesalonicenses 5:16-18, NTV).

La gratitud nos permite valorar lo que tenemos, atesorarlo y darle la importancia que le debemos dar. Nos permite estar gozosos y alegres porque el Señor del universo está con nosotros. Él está atento a nuestras oraciones e inquietudes, sabe y conoce todo lo que nos sucede, y valora que podamos tomar una actitud de agradecimiento frente a la vida. Si hoy estamos vivos, ya es un gran motivo para agradecer a nuestro creador. Cada día busquemos un motivo para cultivar el agradecimiento.

La ingratitud es todo lo contrario, se centra en lo que falta, en lo que aún no llegó, cuestiona, es egoísta y se acerca demasiado a la queja. No puede ver más allá, es ciega. No pudo percibir lo que ya tiene y mucho menos valorarlo. Un corazón desagradecido nos detiene, nos limita y nos contamina.

Debemos ser agradecidos aún en los procesos difíciles que nos toquen atravesar. Tenemos que sacar la atención del problema en sí, esto no significa negar una situación, sino reenfocar nuestra fe y expectativa en que Dios proveerá una salida en el tiempo oportuno. «Entrad por sus puertas con acción de gracias, Por sus atrios con alabanza; Alabadle, bendecid su nombre.  Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, y su verdad por todas las generaciones» (Salmos 100:4-5 RVR, 1960).

Aquí una breve lista para confesar gratitud:
-Gracias Padre porque nunca me abandonarás (Josué 1:5).
-Porque tengo provisión para todas las áreas de mi vida (Salmos 23).
-Por tu amor inagotable (Jeremías 31:3).
-Por elegirme y predestinarme (Efesios 1:11).
-Porque tengo esperanza y expectativas sobre mi futuro (Proverbios 23:18).
-Porque me has dado poder para tener victoria frente a mis enemigos (Lucas 10:19).

El agradecimiento es un acto de fe y esperanza, es tener expectativas de que Dios se manifestará. Dios siempre está en control y nunca nos dejará solos frente a los desafíos de la vida. ¿Cuántas veces nos detuvimos para agradecer hoy?

Autora: Ruth Castro

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