En mi desvelo, siendo las 5 AM, con lluvia y truenos de fondo, me siento en la mesa del comedor y pienso en el futuro, como casi siempre. Abrí la Biblia, no buscaba nada en particular pero sabía que lo que iba a leer seguro me desenfocaría de mis pensamientos, así que bienvenido sea; necesitaba calmar mi cabeza.
Leí una vez más Marcos 16:1-4 y comencé a pensar: «Todos conocemos la historia de Jesús, su nacimiento, su vida, su ministerio, su muerte y su resurrección. Sus amigos, sus discípulos, sus milagros». Pero algo me llamó la atención, luego de su muerte, al tercer día, las mujeres van a perfumar el cuerpo de Jesús. Salen de sus casas y en el camino se preguntan quién removerá la piedra del sepulcro. Era una piedra gigante y pesada, ellas no podrían.
¿Cómo no lo pensaron antes? Salieron de sus casas y estaban yendo a un lugar todas preparadas sin saber si iban a poder entrar… ¿confiaban en que había guardias que las ayudarían? En ese instante, pensé qué hubiese hecho yo, Nati, la Nati que planea todo de antemano, la Nati que no sale de casa sin tener todo medianamente resuelto. Quizás, con ese panorama de ni siquiera poder entrar, no hubiese ido, me conozco. Quizás, me hubiese llevado a algunos discípulos para que muevan la piedra… no lo sé.
Eso a ellas no les preocupaba, o en verdad, la piedra no les impidió ir y hacer lo que tenían y querían hacer para Jesús. Un Jesús ya muerto, pero no dejaba de ser Jesús, su amigo, su Salvador, su Maestro. Ellas querían verlo y fueron. Verían cómo resolver «el temita» de la piedra en el camino. (Me mata la ansiedad de solo pensarlo).
Y así es cómo Dios funciona a veces, la piedra está en frente, no tenemos ni idea de cómo la vamos a mover porque de hecho no podemos moverla, es humanamente imposible. ¿Acaso Jesús necesitaba mover la piedra para salir del sepulcro?¡Claro que no! Pero cuando las mujeres llegaron, esa piedra, ese impedimento, ya no estaba. Porque Dios podía salir sin tocar la piedra, pero las mujeres no podrían entrar a ver Su poder si la piedra estaba tapando la entrada. No hubiesen podido entrar a ver a Jesús sin correr la piedra. El removió la piedra para que ellas VEAN. Para que ellas LO VEAN. El removió la piedra para ellas, pensando en ellas.
Yo me hubiese perdido la experiencia, por no tener quien mueva la piedra, por no confiar en que Dios haría algo al respecto, me hubiese quedado en casa.
Dios se anticipa a mis piedras, Dios ve más allá de mis preocupaciones, Dios mueve las piedras que parecen demasiado pesadas, para que yo pueda verlo. No desaparecen las piedras, no desaparece mi ansiedad, ni mis cuestionamientos ni mis temores, Él simplemente las corre de escena para que esa cueva oscura de problemas y pensamientos que me inundan, se llene de luz, de Su luz.
Dios ya está removiendo la piedra. No existe en el mundo una piedra suficientemente pesada que Dios no pueda mover. No hay lógica en que un ángel baje a mover una piedra, pero Dios no se maneja con la lógica. Dios tiene muchas formas de mostrarse. La piedra ya no estaba, eso que las separaba del Maestro ya no estaba, ya no era un obstáculo. Recuerda esto cuando el futuro te desvele.
¡Hola! Soy Natalia Kaukian. Hija menor de un papá pastor y una mamá médica. Uno ayuda con las heridas físicas, el otro con las heridas espirituales. De ese combo nací yo, Nati de “@milla.extra”. Docente, casada con un músico, recientemente mamá y, por sobre todas las cosas, cristiana… cristiana por convicción.


















