Estoy muy segura que has escuchado frases que tienen que ver con el «yoísmo» donde todo se centra y se basa en el «yo». Es una moda o filosofía de vida donde tienes que conocerte, seguir tu corazón, tu intuición, hacer las cosas que te hacen bien a ti, pensar en ti; porque si tú no lo haces, nadie lo hará por ti. Hay muchas respuestas que encontraras solo dentro tuyo, en tu alma, y claro que el famoso «tienes que conectar contigo mismo».
Lamento desilusionarte, pero no, ni tú ni yo tenemos todas las respuestas. No encontrarás paz, tranquilidad ni esperanza en ti ni dentro tuyo. Pensar que todo es por y para uno mismo es un error, es egoísmo.
¿Sabes por qué? Porque nuestra naturaleza desde el principio de los tiempos, desde que el pecado entró al mundo, es justamente hacer lo que a Dios no le agrada, ir en contra de lo que Dios tenía planeado para nosotros y nada bueno puede salir de eso. Ni la paz, ni la esperanza, ni la tranquilidad, y mucho menos la plenitud que uno casi siempre busca en los diferentes aspectos de la vida.
En Romanos 8:5-13 el apóstol Pablo distingue muy bien la diferencia entre nuestra carne y el Espíritu Santo. Ocuparse de las cosas de la carne es muerte y esto va totalmente en contra de las nuevas modas de que «todo gira alrededor nuestro». Cuando el mundo o los estímulos del mundo te dicen que tienes que creer en ti, porque en ti está «el poder» y dentro tuyo están todas las respuestas, lo que hacen es poner el foco en tu naturaleza, y donde tú tienes que poner siempre el foco es en Dios, no en ti mismo.
Si no tenemos al Espíritu Santo, nuestra carne nos llevará a caminos peligrosos donde, créeme, es mejor no entrar y permanecer. Sin ir más lejos, Jesús nos insta a negarnos a nosotros mismos y seguirlo a Él. Nuestra mirada siempre tiene que ser al Señor, a Su reino y a las cosas que Él quiere para nosotros porque confiamos en que sus planes son los mejores y que Él tiene todas las respuestas.
Vivimos en una generación rodeada de estímulos que te empujarán a seguir tus propias reglas, a no obedecer a nadie más que a tu corazón, a cumplir tus sueños porque tú te lo mereces. Lo cierto es que el único que te conoce y te ama más de lo que puede amarte cualquiera –incluso tú mismo– es Dios. Él te creo, Él te eligió y Él te va a sostener en todo lo que quiera hacer contigo. Te animo a confiar más en Él que en ti mismo.
¡Hola! Soy Natalia Kaukian. Hija menor de un papá pastor y una mamá médica. Uno ayuda con las heridas físicas, el otro con las heridas espirituales. De ese combo nací yo, Nati de “@milla.extra”. Docente, casada con un músico, recientemente mamá y, por sobre todas las cosas, cristiana… cristiana por convicción.


















