En este tiempo de maternidad reciente, me dispuse a ver alguna que otra miniserie, como para descontracturar un poco. En lo que me entretuve con la serie «La Reina Charlotte», spin-off de la serie «Bridgerton» de Netflix. Ya en el primer capítulo nos cuenta como la reina Charlotte atraviesa una crisis en su reino: Había fallecido su única nieta y, por lo tanto, la única sucesora al trono en su generación.


Mas allá de todo esto, nuestra protagonista no tomó el papel de madre comprensiva y permisiva. En cambio, decidió responder primero a su posición de monarca. El reino necesita herederos y, si no los había, el linaje del rey estaba en peligro. Sus hijos enojados ponían excusas, pero, aunque a uno le parezca una exageración, eso no quitaba el hecho de que debían comportarse como príncipes conscientes de la posición en donde habían nacido; y su madre tenía razón, ella estaba al frente de todo un imperio y no podía rebajarse.
Reflexionando sobre todo esto, vino a mi cabeza una pregunta: ¿Eres inquilina o heredera? Me inquietó bastante el hecho de que Dios me haga esa pregunta, ya que la respuesta en mi caso era obvia. En la vida del Espíritu y siendo hija del Rey Supremo, no me comportaba o vivía como heredera, si no como una inquilina más. Pero, ¿en qué se diferencia? ¿Y qué tiene que ver la escena de la serie con esto? Ahora les explico.
El alquiler (o renta) es un acuerdo en el que una persona entrega un bien o servicio a otra por un tiempo limitado, y la otra persona le da algo a cambio, normalmente dinero. Cuando yo alquilo por ejemplo, un departamento, lo habito pero no puedo tomar decisiones trascendentes sobre el mismo. Puedo decidir pintar temporalmente, pero no puedo modificar la estructura. Y así también, yo solo me preocuparía del departamento mientras lo esté usando, lo que le pase a futuro no es de mi incumbencia. Eso cambia cuando uno es heredero. Si sucede algo con la cañería, no lo voy a reemplazar con algo de mala calidad para que temporalmente no me moleste, ya que eso a futuro podría traer problemas más grandes. El ser heredero es preocuparse por lo que uno sabe que es suyo, ni hablar de ser un heredero de un reino. Es una cuestión de identidad. La reina Charlotte tenía mentalidad de heredera, sabía que en los asuntos de su reino debía estar, a diferencia de sus hijos que veían su transitar con despreocupación, lejos de tomar una responsabilidad.


Luego de todo esto, obviamente, recurrí a la Biblia, y allí pude profundizar sobre esto con una historia muy conocida: El Hijo Pródigo. «Un hombre tenía dos hijos —continuó Jesús—. El menor de ellos le dijo a su padre: ‘Papá, dame lo que me toca de la herencia’. Así que el padre repartió sus bienes entre los dos. Poco después el hijo menor juntó todo lo que tenía y se fue a un país lejano; allí vivió desenfrenadamente y derrochó su herencia. Cuando ya lo había gastado todo, sobrevino una gran escasez en la región, y él comenzó a pasar necesidad» (Lucas 15:11-14).
El hijo prodigo nunca dejó de ser hijo, pero se alejó de la fuente de esa herencia pidiendo el dinero (algo temporal) y yéndose simplemente a vivir con lo que tenía. Tal vez, si se hubiese comportado un poco como heredero, habría invertido o tal vez hubiera elegido ser precavido. Pero no, al contrario, vivió como si lo que tuviese fuera infinito. Al igual que los hijos de la Reina Charlotte, su posición le daba igual. ¿Para qué preocuparse del futuro y su responsabilidad si estaba su padre y su hermano haciendo ese trabajo? Mejor era aprovechar los beneficios de la corona para placeres propios, ¿no?


El preocuparnos por sus asuntos, como por ejemplo, orar e interceder por lo que Dios quiere en este tiempo, llevar a cabo una tarea adentro de la iglesia que Él necesita que se haga, trabajar en el llamado que Él nos dio, etcétera, nos da esa mentalidad de herederos, ya que nos estamos preocupando y ocupando de sus asuntos mientras Él se encarga de nuestras aflicciones.
«Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, entonces todas estas cosas les serán añadidas (Mateo 6:33).
«Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados; yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus almas. Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana» (Mateo 11:28-30).
Tal vez, nosotros no nos demos cuenta, pero la tarea que Dios nos dio a cada uno no solo impacta en nuestras vidas, si no que nos puede hacer trascender generaciones y que muchas personas también dependan de eso. De nosotros depende buscar el Reino. Entonces, para finalizar te pregunto: ¿quieres ser inquilino o heredero?


Redacción en Reactivoz | Estudiante de medicina | Fan de Marvel.


















