¿Recuerdas la primera historia de la Biblia que aprendiste? ¿Cómo conociste esa historia? Estoy segura que alguna de tus respuestas es: «me la contaron», «la escuche» o «la leí».
Soy cristiana desde que tengo uso de razón; junto a mi padre (el pastor), mi madre y casi toda mi familia comenzamos a ir a la iglesia desde muy pequeños. Escuché muchas veces las historias de la Biblia, si no me las contaban en casa, las aprendía en la iglesia, pero lo que más me gustaba cuando era niña era la forma en que nos presentaban los personajes bíblicos. Jonás y el gran pez, José «el soñador», Moisés abriendo el Mar Rojo, Sansón y su gran melena, la reina Ester, entre muchas otras. Con imágenes, actuaciones y actividades que estimulaban nuestra imaginación.
La mayoría de las personas que conozco, «conocen a Jesús». Lo han escuchado nombrar, saben quién fue, que le pasó, algunas cosas que hizo. Jesús está en todas partes.
Hace unos días, vi en la televisión a un famoso hablando justamente de esto. Él iba de pequeño a la iglesia –obligado por su abuela– y recordaba algunas cosas de esos tiempos. A esa declaración, se le sumó una mujer que entendía por lo que él estaba pasando, ya ella también había escuchado de Jesús y de sus milagros. Años más tarde, tal y como dice la palabra de Dios, este hombre famoso volvió a Sus caminos por lo poco que recordaba de su niñez y el ejemplo de su abuela (Proverbios 22:6).
Todos –o casi todos– han oído hablar de Jesús. Claro que creer en Él es otra cuestión, leer la Biblia es otro proceso, y asistir a una congregación, también. Pero, ¿Quién no conoce a este tal «Jesús»?
Déjame decirte, querido amigo, que si todos saben de Él es porque hubo personas, como tú y como yo, que hemos hablado de Él. Quizás, todavía no te animaste a salir y compartir con desconocidos, pero te aliento a nombrarlo en cualquier conversación que tengas con amigos, parientes, vecinos, etc.
En Deuteronomio 6 hay una misión para el pueblo de Israel: «Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas».
Hay muchas formas de presentar a Jesús: podemos hablar de su historia, escribir, pintar, cantar, contar qué hizo en nuestras vidas, etc. Sin tantos sermones, simplemente nombrarlo, hacerlo parte de nuestra conversación.
En las iglesias, a los niños les cuentan historias de la Biblia con dibujos, obras de teatro o videos. Los más grandes leen la Biblia y la comentan. También memorizarla y repetirla es un buen recurso. Poner un cuadro con un versículo en nuestra casa llamará la atención de nuestros visitantes, compartir Su palabra en nuestras redes, canciones que hablen de Él; hay muchas formas de compartirlo. Elige una o algunas y comparte a Jesús. El «boca en boca» si funciona. Compartamos para los que lo necesitan, para las futuras generaciones. Es nuestra responsabilidad así como nosotros hemos escuchado de nuestro Salvador.
¡Hola! Soy Natalia Kaukian. Hija menor de un papá pastor y una mamá médica. Uno ayuda con las heridas físicas, el otro con las heridas espirituales. De ese combo nací yo, Nati de “@milla.extra”. Docente, casada con un músico, recientemente mamá y, por sobre todas las cosas, cristiana… cristiana por convicción.


















