Hoy quiero contarte la historia de Toti. Toti era un pato que quería conseguir una piedra preciosa que había visto debajo del agua, allí mismo en la laguna donde vivía. Una y otra vez Toti buscaba incansablemente la piedra, pero cuando no lograba encontrarla, se enojaba tanto que comenzaba a patalear, y eso hacía que el agua se agitara y se mezclara con la tierra y la arena, perjudicando mucho más la vista del fondo. Así, con el agua turbia y sucia, Toti perdía totalmente de vista el fondo de la laguna y cada vez le era más difícil encontrar la piedra que estaba buscando. Tenía que esperar que el agua se calmara —y él también— para volver a intentarlo y por fin hallar la piedra que tanto anhelaba.
Esta historia me la contó mi hijo de 5 años y tiene la siguiente moraleja: «Cuando nos enojamos, solemos empeorar (o retrasar) las cosas que realmente queremos lograr». Claro que mi hijo no dijo puntualmente esas palabras, pero esa historia me hizo reflexionar en una gran verdad de mi vida, y quizás de la tuya también: ¿Cuántas veces perdemos de vista las innumerables bendiciones por estar quejándonos, enojándonos y encaprichándonos por algo que no podemos ver o que queremos demasiado pero no tenemos? Dejamos de ver todo el fondo, perdemos de vista todas las piedras (bendiciones), por una sola que no logramos obtener y así, ensuciamos toda nuestra perspectiva.
No sé cómo reaccionas cuando las cosas no salen como esperas, cuando buscas u oras por algo particular, pero pasa el tiempo y no ves respuestas. Yo me pongo mal, justo como Toti; me enojo y comienzo a ver el agua tan sucia y turbia que pierdo de vista todo lo lindo que sí tengo y que Dios me regala día a día.
Estamos tan acostumbrados a lo cotidiano que lo naturalizamos, lo perdemos de vista y hasta le quitamos valor: despertarnos, tener un hogar, una familia, una ducha de agua caliente cuando hace frío, una cama calentita, poder llevar a nuestros hijos al colegio, y así muchas cosas más.
Toti al final del cuento explicaba cómo manejar el enojo, hablaba de cómo ser perseverantes y no empeorar las situaciones cuando sentimos que no obtenemos lo que queremos. Te animo a valorar y disfrutar las bendiciones que Dios nos da día a día. Valora lo que el Señor ya puso en tus manos. Claro que podemos soñar y buscar esas «piedras preciosas» que queremos, pero cuando no las obtenemos, no dejemos que eso nos nuble la vista de todo lo que Dios sí nos regala.
¡Hola! Soy Natalia Kaukian. Hija menor de un papá pastor y una mamá médica. Uno ayuda con las heridas físicas, el otro con las heridas espirituales. De ese combo nací yo, Nati de “@milla.extra”. Docente, casada con un músico, recientemente mamá y, por sobre todas las cosas, cristiana… cristiana por convicción.


















