Adán y Eva no pudieron vencer la tentación porque eligieron lo que no debían elegir. No supieron obedecer las indicaciones de Dios y el resultado fue mortal. Solo una mordida al fruto prohibido bastó para entregarse por completo a la tentación y al pecado. Ellos no desconocían las instrucciones, sino que no supieron resistir, no le dieron valor a lo que Dios le había dicho anticipadamente. Luego se culparon mutuamente para justificar su actitud. ¿Haremos lo mismo ante la tentación? ¿Nos permitiremos entrar en situaciones pensando que si cedemos un poquito no pasará nada? ¿Culparemos a otros? ¿Desobedeceremos lo que Dios nos está marcando?
«Las tentaciones que enfrentan en su vida no son distintas de las que otros atraviesan. Y Dios es fiel; no permitirá que la tentación sea mayor de lo que puedan soportar. Cuando sean tentados, él les mostrará una salida, para que puedan resistir» (1° Corintios 10:13, NTV).
No hay tentación que nos pueda vencer. La única salida ante ella es RESISTIR. Nuestros deseos son el punto de partida que utiliza el enemigo para tentarnos y conducirnos al pecado «La tentación viene de nuestros propios deseos, los cuales nos seducen y nos arrastran» (Santiago 1:14, NTV).
La tentación cuando es consumada se llama pecado. El pecado es errar al blanco. Podríamos decir que todo lo que nos haga correr del propósito y los planes de Dios es una tentación que nos llevará al pecado. El único objetivo del enemigo es nuestra vida y él vendrá con influencias de todo tipo; la Palabra dice que la tentación nos llegará a todos, especialmente cuando nos disponemos a servir a Dios. Resistir es soportar con OPOSICIÓN hasta que el enemigo desista. «Así que humíllense delante de Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes» (Santiago 4:7, NTV). Tenemos la capacidad de identificar y tomar la decisión de apartarnos de cualquier sugerencia que el enemigo traiga a nuestro camino.
Jesús en el desierto fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero Él resistió firme y venció haciendo exclusivamente uso de la Palabra de Dios (Mateo 4:1-10). Así que nadie mejor que Cristo para saber lo que estamos sintiendo al atravesar pruebas y tentaciones, y espera que depositemos nuestra confianza en Él para recibir poder para vencer. Él ya nos ve como vencedores, ¿podremos vernos de la misma manera? No hay excusas para seguir tomando decisiones que nos dañan. No seremos diferentes, al menos que queramos serlo. Cuando nos sentimos débiles es el momento oportuno para acercarnos al trono de Dios en búsqueda de ayuda, de consuelo, de sabiduría y de socorro (Hebreos 4:16).
Hay una respuesta bíblica para cada insinuación del enemigo, pero debemos formar el hábito más importante de nuestra vida que es conocer lo que dice la Palabra de Dios. El Señor sabe librar de la tentación a sus hijos y anhela conducirlos a un lugar seguro en medio de la adversidad (2° Pedro 2:9).
Abramos nuestro corazón, confesemos nuestros errores y fracasos, tomemos la decisión de resistir en el día malo, porque tenemos un Padre fiel y justo, que nos ama con amor eterno y ha provisto una salida hacia la victoria. La tentación vendrá, ¿nos rendiremos ante ella? ¿Morderemos el fruto prohibido o nos encontrará capacitados para reconocerla y resistir con fe?
Autora: Ruth Castro
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