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¡No pierdas el foco!

¿Escuchaste alguna vez la historia bíblica de Marta y María? Las hermanas que Jesús visitó. Escucho y leo muchas veces de este momento, y siempre llego a la misma conclusión: Tendría que ser más María y menos Marta. Te cuento lo que pasó.

Jesús y sus discípulos visitan la casa de estas hermanas, después de un largo día de viaje a Jerusalén. Marta los recibe y los atiende, en cambio María se sienta a los pies de Jesús a escucharlo. Tan simple como eso.

Me lo imagino algo así: Marta prepara la cena, pone la mesa, limpia, les pregunta si están cómodos, va y viene. Pregunta si necesitan algo, al mismo tiempo atiende la cocina. Marta hace todo el trabajo, pero María solo se sienta a los pies de Jesús y lo escucha.

No sé si te puedes imaginar a Marta, pero yo sí… está muy ocupada, todavía le queda un poco de energía y tiempo para que en su cabeza comiencen las preguntas: «¿Dónde se metió María? ¿Por qué no me está ayudando? ¿Acaso no ve todo lo que hay que hacer? Todo debe salir perfecto, es Jesús, son sus discípulos… hay muuuucho por hacer y ella está ahí, sentada». Se compara y claramente, piensa que ella está en lo correcto y que es muy injusta la situación.

Hasta que da tantas vueltas su cabeza que termina de estallar, interrumpe a Jesús y le dice: «Maestro, ¿no te parece injusto que mi hermana esté aquí sentada mientras yo hago todo el trabajo? Dile que me venga a ayudar».

¡Ay, Marta! Estaba tan metida en sus tareas y en la presión de tener todo bajo control que olvidó lo más importante. Lo más importante no era la cena, lo más importante era que Jesús estaba en su casa. Y no contenta con eso, manda al frente a su propia hermana y le pide al mismo Jesús que la rete. (Mientas escribo, me río, porque me siento DEMASIADO identificada con Marta).

La respuesta de Jesús supera toda expectativa: «Marta, Marta» –me lo imagino negando con la cabeza– «estás preocupada y molesta por tantas cosas, con todos los detalles, pero hay una sola cosa por la que vale la pena preocuparse. María la ha descubierto y nadie se la quitará».

Jesús responde a la explosión de Marta con palabras amables y sabias. Jesús no desestima el trabajo de Marta como algo que está mal, porque la hospitalidad es importante. Jesús y los discípulos venían de un largo viaje, necesitaban alimentarse y descansar. Y eso era lo que Marta estaba haciendo. El problema estaba en que Marta se preocupó tanto por los quehaceres que perdió el foco. Jesús no era un complemento en su cena. Jesús era el centro, todo lo demás era el complemento.

En cambio, María estaba sentada a los pies de Jesús, mas allá de lo que los demás pensaran. En esa época las mujeres deberían preparar todo, como Marta, no estar sentadas sin hacer nada. Ella eligió dar prioridad a Jesús por encima de las convenciones sociales y las opiniones de los demás. Jesús no reta a María, y le dice: «Tienes razón, Marta. María, ayuda a tu hermana». Jesús invita a Marta a sentarse a sus pies y escucharlo.

Que Dios nos ayude a no perder de vista lo que es realmente importante para el Señor. Sin comparaciones, sin explosiones. Estar a Sus pies y escucharlo: «María lo ha descubierto y nadie se lo quitará».

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