Entre los consejos favoritos que mi padre me ha dado, está el siguiente: «Juega de 5». Mi padre, antes de ser pastor, fue árbitro de futbol, igual que su padre. Muchas de sus lecciones de vida para conmigo son acerca del futbol (yo no entiendo mucho, pero él tiene la paciencia para explicarme, ja).
El jugador que habitualmente lleva el dorsal número 5 es el mediocampista que se encarga de realizar labores de contención, de recuperación y de destrucción del juego ofensivo del rival. No es ni defensor ni atacante, y tampoco es el encargado de hacer goles ni de defender (aunque existen y existieron destacados mediocampistas que llegaron a convertir goles importantes).
El jugador número 5 tiene un rol, contiene, recupera la pelota cuando se pierde y la pasa hacia los volantes y delanteros para que ataquen. Es un intermediario, podríamos decir.
Y aquí está la sabiduría en este consejo: muchas veces nos metemos en problemas o situaciones que no nos corresponden. Me incluyo, soy de las que quiere ayudar todo el tiempo y, bajo esa «bondad», retengo la pelota conmigo y no se la paso a nadie. Me hago cargo cuando hago el gol y me agrando, pero cuando voy en busca de la pelota y no encuentro una salida y la pierdo, es ahí cuando vienen los problemas.
No siempre mi rol en la vida de los demás es marcar el gol, no siempre tengo que salvar a las personas o las situaciones. No puedo ser directora técnica, atacante, defensora, goleadora y arquera, todo al mismo tiempo.
Hay situaciones en la vida, en las que nos va a tocar jugar de 5. Nos van a pedir consejos y sí, tenemos que estar disponibles para hacernos cargo de eso y darlos con mucho amor. Agarrar la pelota, y pasarla. Si es gol o no, no va a depender de nosotros. Nosotros simplemente vamos a redirigir a los demás con consejos, con amor, con sabiduría, con oración, pero no más (ni menos) que eso. El gol o el «no gol» es responsabilidad de otro. Y está bien que así sea, porque cada uno tiene un rol en cada situación.
Soy de las personas que me involucro demasiado, y a veces sale bien, pero casi siempre me meto de más. Claro que no con malas intenciones, pero este sabio consejo me ayuda mucho: «Nati, jugá de 5. Ayudá, contené, escuchá, pero patéale la pelota al otro porque ese no es tu rol en este juego, en esta situación. Esa es la responsabilidad del otro».
No nos hagamos cargo de situaciones que no son nuestras, porque quizás nos frustramos, nos duelen, nos decepcionamos. Entendamos juntos que cada uno tiene un papel para cumplir. Un rol en cada situación. No te sobrecargues, juega en tu zona, haz tu jugada y pásala cuando la tienes que pasar. Somos un equipo y no siempre eres el responsable de la victoria o de la derrota. A veces eres ni más ni menos que el número 5. Y si ganamos el partido, lo festejamos juntos, y si perdemos el partido, lo lamentaremos juntos, porque seguimos siendo un equipo.
Somos un cuerpo, como dice la Biblia, no todos tenemos la misma función, pero todos hacemos un mismo cuerpo.
¡Hola! Soy Natalia Kaukian. Hija menor de un papá pastor y una mamá médica. Uno ayuda con las heridas físicas, el otro con las heridas espirituales. De ese combo nací yo, Nati de “@milla.extra”. Docente, casada con un músico, recientemente mamá y, por sobre todas las cosas, cristiana… cristiana por convicción.


















