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PELIGRO: Exceso de carga

Cuando haces un viaje en avión, suele haber un límite de peso para el equipaje. Es importante respetar esto porque si la maleta pesa más de lo establecido, no puedes subir al avión o debes dejar parte de lo que llevas dentro. Y la verdad es que suena lógico, nadie querría sobrecargar un avión, sería peligroso.

En ocasiones, ¿sientes que estás llevando más carga mental de lo que en realidad puedes? Esta carga hace que te enfades rápidamente, que te frustres si no llegas a cumplir con todo o con las expectativas, que «no te alcancen» las horas del día, que pierdas de vista algunas cosas, que te olvides de otras, o que directamente, comiences el día ya cansado por todo lo que sabes que vendrá.

Hoy quiero que pensemos juntos en la idea de que nuestro cuerpo y nuestra mente también están diseñados para soportar cierta cantidad de presión o de «peso». El problema surge cuando nos excedemos de ese peso (porque, claramente, no es algo tangible que podamos poner en una balanza e ir graduando).

La sobrecarga puede ser por exceso de pasado, de futuro, de presente o de todo eso junto. Vivimos en un mundo donde hay que «hacer, hacer y hacer», aunque no sabemos a veces si es productivo o útil lo que estamos haciendo, pero estamos en movimiento y eso está bien visto.

Descansar se volvió un privilegio, o un sinónimo de vagancia, pero ¿te permites descansar? No me refiero a «tirarte» con el celular en el sillón 10 minutos o mirar una serie, porque, aunque suene relajante, eso sigue estimulando nuestra mente. Ni hablar de mirar redes sociales, definitivamente, el contenido que vemos en menos de 10 segundos, ya condicionó o simplemente se almacenó en nuestra mente y ocupo su lugar con su peso.

Nuestra mente y nuestro cuerpo están diseñados a la perfección por Dios, pero también es nuestra responsabilidad cuidarlo. No es algo que podamos cambiar, ir a una tienda y comprar otro, así que dejo algunas preguntas que pueden ayudarte ante un «exceso de peso»:

  • ¿Puedo hacer algo para resolver esto ahora/hoy? Cambia la preocupación por la oración. Si no puedes hacer nada, ora por eso y desactívalo. Que no siga dando vueltas. Si vuelve a  tu mente, ora y desactívalo.
  • ¿Puedo delegar algunas de todas las cosas que me están pesando? «Estoy segura que, si lo hago yo, lo hago mejor que cualquier otro». Ese fue mi pensamiento por mucho tiempo y terminaba haciendo las cosas mal o no haciéndolas, así que si lo puede hacer otro, ¿por qué no darle la oportunidad?
  • Organízate. Si hay cosas que son urgentes y que hay que resolver sí o sí, hazlo. Pero organiza las que son realmente importantes para no perderlas de vista. Si no es hoy, es mañana, quizás no altera en nada «el cuando».
  • No todo es «ya». Hay tiempo para todo, dice la Biblia. No te agotes pensando en hacer todo al mismo tiempo. «Más vale paso que dure, que trote que canse». No es bíblico, es de la película de «Cars», pero aplica perfectamente, ja.
  • Tómate un tiempo para descansar. Hasta Dios descansó un día. Tu mente debe tener un tiempo de paz y de tranquilidad. Sin redes sociales, sin estímulos. Descansar, hablar con Dios, cosas que te hagan bien y que puede ser simplemente como ir a un parque a sentarte en el pasto y apreciar lo maravillosa que es la naturaleza.

Si las pones a prueba, luego me cuentas cómo te fue.

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