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¿Puedes contar las estrellas?

Abraham tenía un anhelo en su corazón y era tener un hijo. Sin embargo, pasaron los días y los años y ese sueño no se cumplía. Pero Dios vio su corazón y decide hacerle la promesa de que iba a tener herencia.

Me imagino a Abraham viendo como su cuerpo era atravesado por los años y a su esposa cada vez más anciana e incapaz de concebir. Naturalmente tener un hijo era imposible. Abraham  era consciente de su realidad, pero Dios vio que en su corazón había un hombre de Fe.

Observemos lo que el Señor le dice en estos versículos: « […] No te heredará este, sino un hijo tuyo será el que te heredará. (Génesis 15:4, RVR1960).

En primer lugar, le hace una promesa. Abraham tiene una charla con el Señor en donde le plantea que él no tenía herederos, pero Dios le afirma, le asegura y le promete que le concederá ese deseo, que suplirá esa necesidad que está teniendo. Es Dios mismo diciéndole: «sí», a un anhelo de años. ¿Hemos creído que el tiempo para cumplir ese sueño ya pasó?  Dios está dispuesto a traer una respuesta en el momento oportuno, no perdamos la fe ni dejemos de orar y creer.

«Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia» (Génesis 15:5, RVR1960).

En segundo lugar, le pide que salga afuera. Cuando vivimos momentos difíciles, la presión se vuelve cada vez más intensa, a tal punto que solemos limitarnos y llegar a pensar que eso que Dios nos dijo ya no se va a cumplir. Pero Dios le pidió a Abraham que salga de un lugar y vaya a otro. El Señor nos está pidiendo que es necesario corrernos de ese lugar de incredulidad, duda o conformismo, y trasladarnos a un lugar donde nuestra fe sea nuevamente activada.

En tercer lugar, le dice que mire el cielo. El problema está frente a nosotros, se ve grande e intimidante, pero es necesario elevar nuestra mirada y ver, mirar y observar esa situación a través de la fe. Abraham salió y elevó su mirada al cielo para ver con sus ojos naturales lo que Dios quería que vea. Abraham veía lo que en ese momento le faltaba, pero Dios veía el cual era el resultado final si se atrevía a creer más allá de sus circunstancias. Dios nos llama a elevar nuestra mirada y ver lo que él ve. ¿Podremos ver?

En cuarto lugar, le dice que así será tu descendencia. Me encanta cuando el Señor le dice «cuenta las estrellas, si puedes…» y Abraham, quizás un poco dubitativo comienza «1, 2, 3…» ¡Es imposible contarlas! Sí, afirma Dios, de la misma manera será el número de tus descendientes. Abraham pedía uno, pero Dios quería darle miles y miles. Si creernos, Dios está dispuesto a superar nuestras expectativas.  «Abram creyó al Señor, y por eso el Señor lo aceptó como justo» (Génesis 15:6, RVR1960).

En quinto lugar, Abraham creyó. Cuando él salió de donde se encontraba, pudo ver, pudo despertar su fe, pudo imaginar y visualizar ese futuro maravilloso. Fue capaz de derribar la imposibilidad para ver la posibilidad. El cielo era la foto de su futuro.  Ahora tenía la certeza de que todo era posible.

A lo largo de esta historia varias veces el Señor le recuerda una y otra vez lo que le había prometido y aunque Abraham tuvo sus errores, pudo permanecer hasta el final.

Pidámosle al Señor que abra nuestros ojos para que podamos ver lo que él ve. Para que podamos elevar nuestra fe y nuestras expectativas. Si es necesario movernos, hagámoslo. Si es necesario dar un paso de fe, démoslo. Si es necesario creer, confesar y visualizar, no dudemos. Es incontable e innumerable como las estrellas, todo lo que Dios tiene para cada uno de nosotros si estamos dispuestos a creer.

Autora: Ruth Castro

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