Alguien me explicó una vez que la falta de perdón hace que se acumule bronca en el corazón y que, a medida que pasa el tiempo, se hace tan grande y pesada esa carga que hasta uno se olvida la causa que originó ese sentimiento. Uno se olvida de lo que realmente pasó y comienza a añadirle detalles o, quizás, «lo que hubieras hecho o dicho» y todo se vuelve más grande y confuso. Se va distorsionando todo el relato con el correr del tiempo. El rencor te domina, domina tu vida, tus conversaciones, tus momentos, tus pensamientos.
Hay muchas películas que hablan de esto, de resentimientos, venganzas que se cobran luego de mucho tiempo. Los protagonistas pasan años y años de sus vidas pensando en cómo llevar a cabo su plan vengativo y la otra persona (el culpable, quizás) ni se ha enterado que había hecho tanto daño, y continuó con su vida normalmente. ¿Te imaginas? Toda una vida desperdiciada en juntar y acumular bronca y odio. Tiempo perdido en hacer el mal.
Sin duda, hay situaciones que nos lastimaron y marcaron nuestra historia. Personas que, sin querer o queriendo, dejaron huellas y aunque suene tentador vengarnos, no debemos hacerlo, ni siquiera pensarlo (eso ya es más difícil, lo sé).
La teoría y el ideal espiritual y bíblico nos insta a amar a nuestro prójimo. Nos exhorta en Lucas 6:32: «¿Qué mérito habría en amar a quienes nos aman?» Amar a los «queribles» es fácil, a quienes nos quieren, nos hacen bien… ¡eso lo hace cualquiera! El desafío esta en ser realmente diferentes como Dios nos llama a ser, y amar a quienes nos hacen mal, eso es lo realmente difícil. Tener resentimiento y seguir juntando bronca solo nos envenena a nosotros mismos y nos limita en nuestra relación con Dios.
Si te cuesta perdonar a aquellos que te lastimaron, pídele ayuda a Dios; estoy segura que no será de un día para el otro, y también creo que hay heridas muy profundas que seguramente lleven mucho tiempo sanar, pero aún en la peor de las circunstancias nunca perdonaremos más de lo que Jesús nos perdonó a cada uno de nosotros, pagando el precio más alto: su propia vida.
Si no puedes perdonar, por lo menos, te invito a dejar de darle vueltas al asunto, a no seguir alimentando el resentimiento, simplemente pasar de página. Aunque los pensamientos o recuerdos vengan a la cabeza, te invito a no darles lugar. Si te cruzas con la persona que te lastimó o si la ves en redes sociales, deriva automáticamente ese pensamiento o esa persona a Dios. Él mejor que nadie sabe qué hacer con esa persona y contigo.
Comienza a limpiar tu mente y tu corazón de cosas que te dañan y te hacen mal. Piensa por unos minutos si estas llenándote de sentimientos negativos, y si es así, te invito a deshacerte rápido de ellos, no dejes que aniden en tu cabeza y se conviertan en una carga cada vez más pesada que cuesta sacar. Dios tiene todo el poder para darte las fuerzas y el amor que necesitas para perdonar.
¡Hola! Soy Natalia Kaukian. Hija menor de un papá pastor y una mamá médica. Uno ayuda con las heridas físicas, el otro con las heridas espirituales. De ese combo nací yo, Nati de “@milla.extra”. Docente, casada con un músico, recientemente mamá y, por sobre todas las cosas, cristiana… cristiana por convicción.


















