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¡Sal fuera! Dios aún no ha terminado contigo

Tenemos un Dios que siempre llega a tiempo, nunca llega tarde. Aunque a veces pensemos que el tiempo para ver una intervención divina ya pasó, tenemos que mantener la fe hasta el final, para así poder experimentar una vez más el poder de nuestro Padre Celestial.

En Juan, capítulo 11, encontramos la historia de la resurrección de Lázaro, alguien a quien Jesús amaba. Antes de ver este suceso, analicemos algunos acontecimientos:

  1. Al enterarse de la noticia de que su amigo había muerto, Jesús no actúa rápidamente.
  2. Cuando llegó a Betania, que es donde estaba Lázaro, ya habían pasado cuatro días desde que él había muerto.
  3. En el camino hacia la tumba, sus hermanas, Marta y María, le reclaman por qué no llegó a tiempo.
  4. Las personas del lugar lo critican diciendo: «si tanto lo amaba, ¿por qué no hizo nada para que no muera?»

¿Por qué el Señor, al recibir la noticia, no actuó rápidamente? Porque Jesús sabía que en este suceso se iba a manifestar Su poder con un hecho que nunca antes había sucedido, la resurrección de una persona.

En el trayecto, hacia el lugar, solo recibió reclamos, quejas y hasta críticas, poniendo en duda Su amor y Su poder.

Pero esto es lo que sucede: «[…] Conmovido una vez más, Jesús se acercó al sepulcro. Era una cueva cuya entrada estaba tapada con una piedra. —Quiten la piedra —ordenó Jesús. Marta, la hermana del difunto, objetó: —Señor, ya debe oler mal, pues lleva cuatro días allí. —¿No te dije que si crees verás la gloria de Dios? —le contestó Jesús. Entonces quitaron la piedra. Jesús, alzando la vista, dijo: —Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Ya sabía yo que siempre me escuchas, pero lo dije por la gente que está aquí presente, para que crean que tú me enviaste. Dicho esto, gritó con fuerza: —¡Lázaro, sal fuera! El muerto salió con vendas en las manos y en los pies, y el rostro cubierto con un sudario. —Quítenle las vendas y dejen que se vaya —dijo Jesús […]». (Juan Cap. 11, NVI)

Frente a la tumba, Jesús oró y luego gritó: ¡Lázaro, sal fuera!

Hoy el mismo Dios nos está gritando «¡Sal fuera!» como lo hizo con Lázaro, para que salgamos de esa tumba donde tenemos sueños muertos. Donde creemos que todo está perdido, porque «Dios llegó tarde». De ese lugar donde muchos piensan que, para nuestra situación, ya no hay solución. Esa cueva oscura donde nos gobiernan sentimientos de inferioridad, frustraciones, depresión y dolor. El Señor se para frente a nuestra tumba para recordarnos que ¡Él es la resurrección y la vida! Y que no hay problema, situación o dolor que esté ajena a su mirada.

No seamos como estas personas que salieron a Su encuentro con dudas, quejas o cuestionamientos, ¿acaso Dios es hombre para mentir? ¿Acaso nuestro Dios no ve ni oye? Él ve lo que estamos pasando y oye cada una de nuestras peticiones, y así mismo, actuará en traer la respuesta que estamos necesitando en el momento justo, ni antes, ni después. Él cumplirá Sus promesas. En Él está nuestra fe y nuestra esperanza. ¿Qué sucedió con Lázaro? ¡Resucitó! Se volvió un testigo y un testimonio vivo de un Dios todopoderoso que es vida y da vida. ¡Hay alguien que nos grita desde afuera para devolvernos a la vida!

Por Ruth Castro

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