Había una vez una viuda, una señora que iba todos los días a un juez para pedirle justicia por un conflicto que tenía con su enemigo. El juez era un hombre injusto, no tenía respeto por la gente y ni siquiera respetaba a Dios. Pero era juez y tenía poder. Los conflictos y la gente del pueblo dependían de él y su criterio.
El juez solía ignorar a la pobre viuda pero la mujer nunca dejó de ir, día tras día a pedirle por sus asuntos. Hasta que un día, ya agotado, el juez se dijo a sí mismo: «No temo a Dios ni me importa la gente, pero esta mujer me está volviendo loco. Me ocuparé de que reciba justicia porque me está agotando con sus constantes peticiones».
Tantos años de conocer la Biblia y no conocía esta historia que está en Lucas 18:1-8. Esta historia la contó el mismo Jesús para dar un punto: La persistencia en la oración, en las peticiones, y no darse por vencidos.
Esta viuda le ganó al juez por cansancio. Y según lo que dice en este pasaje, aunque el juez no era una persona muy grata, impartió justicia en el asunto, solo para deshacerse de la viuda que persistía día tras día.
Te invito a que pienses en algún motivo de oración que tengas hace mucho tiempo y que Dios aún no haya respondido (o que tú aún no hayas visto una respuesta clara). ¿Dejaste de orar por ello? Hay días en los que piensas «¿hasta cuándo oraré por lo mismo? ¿Dios me estará escuchando?» Claro que las respuestas pueden llegar rápido y pueden ser un «no», «espera» o un hermoso «sí, concedido», pero hasta que llega esa respuesta… ¿vas todos los días ante el juez a «insistir» con el asunto? ¿O te desanimas, bajas los brazos, tiras la toalla y listo? A otra cosa porque ya llevo mucho tiempo y, «evidentemente», no hay respuesta.
Lo cierto es que en las últimas generaciones toda espera, desespera. Cada vez queremos las cosas más rápidas, desde pedir comida hasta ver una película, dos horas nos parece demasiado, a no ser que sea una serie que podamos ver cinco capítulos seguidos para combatir nuestra ansiedad de ver el final.
¿Te cuento algo personal? Tengo un motivo de oración hace más de 10 años… y no veo ni siquiera un avance en ese tema. Yo no lo veo, a mis ojos y mi percepción, nada pasa. Sé que Dios está en el asunto, pero a veces creo que la causa esta archivada y que ahí quedará. Hay días que igualmente me levanto esperanzada pensando que puede ser EL GRAN DÍA de ver la respuesta de Dios, pero sinceramente, no sucede. No sucede hace muchos muchos años. Porque claramente Dios no se guía con mis tiempos. Dios ni siquiera se rige por mis días ni mis horas. No oro por eso todos los días, estoy segura que es un error, pero me desanima, creo que la causa la archivé yo y ahora que lo escribo, estoy dispuesta a retomarla.
«Aprendan una lección de este juez injusto. Si hasta él dio un veredicto justo al final, ¿acaso no creen que Dios hará justicia a su pueblo escogido que clama a él día y noche? ¿Seguirá aplazando su respuesta? Les digo, ¡él pronto les hará justicia! Pero cuando el Hijo del Hombre regrese, ¿a cuántas personas con fe encontrará en la tierra?» – Lucas 18:6-8 (NTV).
¿Seguiremos tendiendo fe en que Dios responderá de la mejor manera aun cuando pasemos días y días pidiendo lo mismo y no viendo resultados? ¿Perseveraremos en la oración, aunque humanamente no veamos justicia ni respuesta? ¿Insistiremos como la viuda?
Claro que a Dios no le ganamos por cansancio, porque Él no se cansa nunca de nosotros, pero te animo –y me animo a mi también– a seguir perseverando con fe. Aun sin ver resultados durante años, vayamos día tras día a pedirle al Señor lo que nos angustia, lo que todavía no vemos y a pedirle que nos ayude a no rendirnos.
¡Hola! Soy Natalia Kaukian. Hija menor de un papá pastor y una mamá médica. Uno ayuda con las heridas físicas, el otro con las heridas espirituales. De ese combo nací yo, Nati de “@milla.extra”. Docente, casada con un músico, recientemente mamá y, por sobre todas las cosas, cristiana… cristiana por convicción.


















