La vida transcurre, los años pasan y damos cosas por hecho como la familia y los amigos, y siempre vivimos anhelando más: un mejor trabajo, un mejor lugar para vivir, un mejor aspecto físico. Siempre nuestra naturaleza es inconforme, o así lo he visto con todas las personas que me he topado: «si tuviera dinero haría esto o compraría aquello», «no me gusta mi trabajo» o «mi cabello» entre otros aspectos, casi nunca estamos conformes.
Pero alguna vez te has puesto a pensar, ¿qué pensará Dios cuando te expresas de esa manera? Qué pensará tu Creador de todo lo que te quejas, te enojas, reniegas y no hay al final del día un «Gracias Dios». La verdad pienso como yo, siendo mamá, me esfuerzo por darle a mi hijo lo mejor, y duele cuando no valora o bota a un lado lo que traigo, es como si tomaran tu corazón y le quitaran un pedacito.
Duele, porque le doy con amor, entonces así es con Dios. Él envió a su hijo por amor a nosotros, tenemos la posibilidad de orar donde estemos, de adorar donde queramos, tenemos cualidades más que defectos, tenemos belleza única más que estar comparándonos. Somos hechos por Él, lo que nos da, nos provee, y puede que hoy no estemos en esa casa soñada o con esa vida que anhelamos, pero tenemos lo que Dios nos ha dado.
Hay muchas cosas por forjar y si anhelamos debemos esforzarnos. Pero no olvides agradecer, por lo poco, por lo mucho, por lo malo y por lo bueno, agradece. No hay mayor gesto que agradecer, y más con el Creador del universo. Que siempre al final del día, digas «Gracias Señor».
Escrito por: Vero Pedraza
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