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Un limonero y una lección de vida

Hace un tiempo hablaba con una señora de la iglesia acerca de las plantas y me dijo algo que me dejó pensando hasta el día de hoy. Hablábamos de un limonero que nunca pude hacer crecer en casa, y ella me dijo lo siguiente: «Lo que pasa es que vos les debés hablar mucho, yo las dejo, porque si les ‘doy mucha bolilla’ (presto atención) se secan». Al principio me causó gracia porque, claramente, yo hablo hasta con las plantas, pero después me puse más profunda y comencé a pensar en qué importante es para algunas cosas o algunos asuntos simplemente «dejarlos y no darle tantas vueltas».

Soy de las personas que tienen plantas y buscan el mejor lugar, cada cuánto regarlas, sus cuidados y todos los detalles, y creo que así tiene que ser si quiero que estén bien y crezcan, pero también es cierto que a veces, al mejor «estilo cactus» (que no necesitan mucha atención), hay que «dejar que fluya», hay que «soltar», como está de moda decir ahora.

Todos pasamos por situaciones difíciles o a veces de incertidumbre, de decisiones, de duda, de «no saber qué hacer», y no sé ustedes, pero yo soy muy vueltera. Le doy demasiada vuelta al asunto, pienso en todos los detalles, alternativas posibles, opciones, hasta que llega el momento de decidir, y decido. Pero no queda ahí, porque cuando decidí, sigo dando vueltas en el tema con preguntas como: «¿habré hecho bien? ¿Y si esta opción era mejor? ¿Cómo no se me ocurrió esto otro antes?» Ahora que lo pongo en palabras suena demasiado estresante, je, pero así soy.

Y ahí estaba Dios hablándome a través de una señora y su limonero. En el salmo 37:7 dice algo así como «Quédate quieto en la presencia del SEÑOR, y espera con paciencia a que Él actúe…». QUEDARSE QUIETO en la presencia de Dios es una buena opción, pero acá es una orden. Hay cosas que requieren que simplemente no HAGAS nada (visible). Alguien quieto no se está moviendo, simplemente está. Quizás ya hiciste todo lo que estaba a tu alcance y ya no sabes cómo seguir.

ESPERA… ahí es donde entra en juego lo más difícil para mí, porque quedarme quieta ya es difícil, pero encima tengo que esperar. ¿Hasta cuándo espero? ¿Qué cosa tengo que esperar? No lo sabemos, no tenemos todas las respuestas, pero la Biblia habla mucho de esperar en Dios y sus beneficios antes de inquietarnos, hablar de más o dejarnos llevar por nuestros impulsos. Y si lo dice la Biblia, yo le haría caso.

Él va a actuar. Déjalo actuar. Deja de darle tantas vueltas al asunto. Deja de «maquinar», diríamos en Argentina. Basta de darle tantas vueltas al asunto. NO sobrepienses. Quédate quieto con ese tema. Cuando venga el pensamiento, la duda, el temor, la incertidumbre, quédate quieto y derívalo a Dios. ESPERA con paciencia que El actúe.

Este artículo no es una excusa para que te quedes sentado en el sillón o acostado en la cama de tu casa esperando que baje una paloma blanca del Cielo con un cartel y la respuesta escrita por Dios. Este artículo es para que descanses en que la decisión final es de Dios. Tu alma, tus pensamientos, todo tu ser va a tener tranquilidad cuando pienses que no es tuya la palabra final, es de Dios. Y si dejas que Dios esté en el asunto nada puede salir mal. Confía.

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