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Una conversación con la persona más importante

El Señor Jesús, antes de ir a la cruz, prometió que nunca más estaríamos solos y nos dejó la persona más importante con la que podemos contar todos los días de nuestra vida, el Espíritu Santo, el Espíritu de verdad. Aquel que estuvo presente desde la creación y lo estará hasta el fin de los tiempos.

«Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros» (Juan 14-15-17, RVR1960).

La Palabra de Dios dice en este pasaje que el Espíritu Santo estará con nosotros siempre. En otras versiones se lo menciona como abogado defensor, alentador o consejero.

Su rol es acompañarnos diariamente, animarnos en tiempos difíciles, guiarnos cuando debamos tomar decisiones, alertarnos de situaciones peligrosas y ayudarnos en nuestras oraciones (Romanos 8:26). Él desea hablar y ser escuchado.

Cuando las presiones son intensas y los problemas nos rodean, nos resulta difícil creer que el Espíritu Santo está presente, pero Él nos habla constantemente, susurra a nuestra consciencia y a nuestro espíritu la Palabra de Dios, trae a memoria cada promesa escrita para cada uno de nosotros y nos brinda discernimiento sobre nuestras conductas, por eso no debe ser ignorarlo.

«Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber» (Juan 16:13-14 RVR1960).

¿Cuántos problemas nos podríamos evitar si aprendiéramos a oírlo y obedecerlo a tiempo? Él anhela traernos luz, claridad y revelación sobre las situaciones que estamos atravesando e incluso es capaz de decirnos lo que sucederá en el futuro. Él no solo sabe todo, sino que si se lo permitimos permanecerá a nuestro lado para conducirnos por el camino correcto, ¿quién no desearía contar con una persona así a su lado?

Cuando pasamos tiempo con la persona del Espíritu Santo seremos llenos de la presencia de Dios y  habrá ciertas características que lo harán evidente: «Más el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley» (Gálatas 5:22-23, RVR1960).

Jesús caminó en esta tierra lleno del Espíritu Santo y su vida marcó un antes y un después para la humanidad (Lucas 4:18 y 19). ¿Qué podrá suceder si cada hijo de Dios se dejará conducir por ese mismo Espíritu?

Autora: Ruth Castro

 

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