«Esperar en Dios» es lo más difícil que personalmente me pasa en la vida cristiana, pero en épocas de pandemia hubo algo que me ayudó mucho y espero que te ayude a ti también.
Esperar no significa quedarse sentado sin hacer nada. Una espera activa es lo que Dios quiere desarrollar en mí. El no espera que yo me quede sentada en mi sillón diciendo «Dios sabe», porque, aunque esa es mi convicción, sé que Dios sabe cuándo y cómo responderme; mi rol es fundamental.
No me pide que lo resuelva, muchas veces la respuesta está fuera de mi alcance y debo físicamente quedarme quieta y esperar. Esperar dependiendo de Él, esperar ejercitando mi fe. Esperar aun cuando mi cabeza quiere resolverlo ya y con mis propias fuerzas. Esperar y confiar. Confiar en que Dios lo va a resolver de la mejor manera y en el momento perfecto.
Cuando la respuesta no llegue, y la cabeza empiece a hacer preguntas, el panorama cada vez se ponga peor o simplemente no cambie como te gustaría, es donde MÁS debemos aferrarnos a Él. En un artículo anterior escribí que Dios no usa reloj, Él no tiene apuro ni llega tarde; las horas, los minutos y los segundos son nuestros. Él siempre, pero siempre (aunque no parezca) llega a tiempo. A Él no lo corren las agujas del reloj, ni el cronómetro del celular, Él es el dueño del tiempo, de los días, de los años, de los milisegundos. Él es el dueño.
Mi trabajo en la espera no es pasivo, no es solo quedarme quieto y soltar el problema, porque no es tan fácil, también es descansar y encontrar la paz en eso. Claro que es dejarlo en manos de Dios, pero… ¿es fácil descansar después de eso? Cuando ya oré, pero mi cabeza y mis días siguen haciéndose las mismas preguntas porque no veo respuestas… ahí empieza el trabajo. Las cosas se pueden complicar, pueden no cambiar, por años. No suena alentador, pero puede pasar, y probablemente pase. Nuestro deber es buscar a Dios, estar en comunión, pedirle ayuda, convencer a nuestra cabeza, desahogarnos con Él, contarle nuestras emociones. A Dios no se le escapa nada, absolutamente nada. Él tiene el control de cada detalle. Su palabra está llena de promesas que va a cumplir porque es fiel y te ama. Una persona que ama no quiere que la otra sufra. El Señor no te va a soltar. Dios te va a sostener aun cuando ya no tengas fuerzas y no veas salida.
Te animo a esperar activamente en Dios, es un ejercicio constante entre el tiempo, los pensamientos, las emociones, y quien ya tiene la victoria… Dios. Aunque parezca que estamos perdiendo el partido por goleada, nunca te olvides que estás del lado ganador y que el partido no dura para siempre. Todo pasa y el resultado siempre es VICTORIOSO.
¡Hola! Soy Natalia Kaukian. Hija menor de un papá pastor y una mamá médica. Uno ayuda con las heridas físicas, el otro con las heridas espirituales. De ese combo nací yo, Nati de “@milla.extra”. Docente, casada con un músico, recientemente mamá y, por sobre todas las cosas, cristiana… cristiana por convicción.


















