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Cuando Nuestras Decisiones No Nos Dejan Avanzar

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Al nacer no escogemos ni la familia que tenemos, ni nuestra nacionalidad, ni rasgos faciales, venimos con un “diseño divino” o “diseño de fabrica”, somos creados por Dios. Pero cuando crecemos, somos lo que decidimos, somos el café en la mañana que queremos tomar, somos eso en lo que proyectamos cada día, y en las grandes decisiones somos responsables de nuestras acciones y también de las consecuencias. 

En mi vida personal me sucedió que cargué con mucho dolor y culpa por mis decisiones, y no solo me culpaba a mí, sino que llevé años culpando a Dios por esas mismas decisiones que yo misma tomé. Hasta que un día fue como si Dios me dijera “no más”; reaccioné, dejé mi testarudez y no seguí oyendo más la voz de la culpa y el dolor, sino la voz de Dios.

Su voz me guió y me hizo ver que, gracias a mis “errores”, aprendí lecciones donde el Señor en medio de todo siempre me guardó de tantas cosas, inclusive de mí misma, y con ese amor volví a Él, agradeciendo, dejando atrás todo eso, con mi mente en pie sobre mi presente, siendo más sabia, más tranquila y más paciente. Por eso antes de tomar una decisión, el mejor consejo que puedo darte es que ores, lo que te dé paz eso debes hacer. Los “hubiera” no existen, en cambio “lo haré”, “pensaré antes de hacerlo” sí existen y pueden cambiar para bien tu vida. 

 

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