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El Capitán América, el Espiritu Santo y la sanidad del alma

Antes de leer este artículo, debo anunciar que tendrá un poco de spoilers, así que si no viste la serie Falcon y el Soldado del Invierno, te invito a que lo hagas, porque tiene un muy buen mensaje, y además, mucha acción.

Antes de morir, Steve Rogers (Capitán América) cedió su legado entregando el escudo a su amigo y compañero Sam (Falcon), pero este se vio incapaz de llevar tanta responsabilidad en sus manos, además de no sentirse apto para ser el reemplazo de una persona tan honorable como lo era Steve. Por lo tanto, decidió dejar el escudo a manos del Gobierno de los Estados Unidos.

Casi llegando al final del primer capítulo, en las noticias aparece un suceso que deja a Sam perplejo: Le dieron el puesto de Capitán América a otra persona, con el escudo de Steve incluido. ¿La razón? Los disturbios por los últimos sucesos como el BLIP de Thanos (la desaparición inminente de la mitad de la población mundial y la reaparición de los mismos 5 años después), dejaron vulnerables a las defensas de los países y, sobre todo, a EE.UU. Por lo tanto, se buscaba desesperadamente una imagen que encarne los valores americanos para darles una especie de «alivio» a las personas. Es ahí entonces cuando el Departamento de Defensa decide nombrar a John Walker como el nuevo Capitán América.

Ahora, ¿Quién es John Walker? Este fue uno de los primeros soldados en recibir tres medallas de honor en los EE.UU., dirigió misiones contra terroristas y rescate de rehenes, y además, cuenta con habilidades físicas fuera de lo normal, como: velocidad, resistencia e inteligencia. Era un hombre con un muy buen curriculum que lo hacía estar a la altura de lo que el Gobierno le pedía, entonces, ¿cuál fue el problema?

En el segundo capítulo, el mejor amigo de John, Lemar Hoskins, le dice que ya no puede arreglar los problemas a los golpes, debido al hecho de que iba a estar en un cargo superior, todos iban a estar expectantes de él. Debía madurar y encarar las situaciones de una manera más diplomática. Eso nos da la idea de que nuestro nuevo Capitán tiene problemas con su temperamento, sobre todo con la ira y el enojo.

Pero voy a hacer una pausa para hacerles una pregunta: ¿Tener debilidades o heridas, te hace valer menos para ocupar un puesto o realizar una tarea? La respuesta es no.

Te voy a dar un claro ejemplo bíblico para esto: Moisés (en el líbro de Números, cap. 20). En este capítulo, los israelitas se sentían frustrados al tener sed debido a la escasés de agua, así que fueron a Moisés y Aarón para que pudieran solucionar la problemática. Entonces, ellos dos se postraron a la presencia de Dios para pedir una estrategia, a lo cual Dios responde: «Toma la vara y reúne a la asamblea. En presencia de esta, tú y tu hermano le ordenarán a la roca que dé agua. Así harán que de ella brote agua, y darán de beber a la asamblea y a su ganado».

Todo iba bien pero, estando Moisés harto de las quejas, en un brote de impaciencia en vez de ordenarle a la roca que diera agua, la golpeó con la vara dos veces, desobedeciendo la orden de Dios. Este hombre vio columna de fuego, maná caer del cielo, la derrota de enemigos inalcanzables, pero no creyó que una roca diese agua con la estrategia divina. Entonces, el Señor decidió que no entraría a la Tierra Prometida a causa de su desconfianza.

Creo que muchos nos hicimos esta pregunta cuando leímos la historia: ¿Por qué Dios, sabiendo que Moisés tenía debilidades, lo puso en un lugar de autoridad? Primero y principal, Dios sabe que somos humanos, y por lo tanto, debilidades vamos a tener siempre. Algunas de ellas son debilidades en la fe o la misericordia, y en otros ámbitos como debilidad en lo sexual o el mal manejo del dinero. Pero aun así, Dios nos da propósito.

El problema surge cuando sabiendo que tenemos un problema que resolver, decidimos no hacerlo por egoísmo o la típica frase de: «Dios ya me va a sanar» (lo cual no es mentira). Dios ya sabe los tiempos en dónde, a través del Espíritu Santo y los procesos que transitemos, sanaremos de a poco las heridas. Pero el decidir sanar, va por nuestra cuenta. El decidir dejar de pecar, dejar los vicios o la necesidad de vivir constantemente pensando en los errores del pasado, es nuestra elección. Lo que es importante aclarar, es el hecho de no detenernos. Siempre hay que seguir adelante a pesar de nosotros mismos. Y con esto no estoy diciendo: «sigue pecando, que algún día vas a sanar». No, lo que quiero decir es que no debemos caer en la culpa que nos genera caer en tentación.

Volviendo al tema anterior, Dios tiene los tiempos necesarios para sanar, y los procesos por donde tenemos que pasar para que él nos ponga en el lugar que debemos estar; pero el poder de la decisión está en nosotros, si no, podemos llegar a errar en el momento menos indicado. Ya que, mientras más nos promueva el Señor, más responsabilidad tenemos.

John Walker comenzó a decaer cuando tomó la situación desde lo emocional y la vanagloria. Lo que no pudo prever fue lo que pasó en el capítulo cuatro, que al ser asesinado su amigo en batalla, se dejó llevar por la ira y la venganza para ir a matar al culpable de eso, pero a plena luz del día y con civiles viendo. Para empeorar su situación, al presentarse al juicio, terminó faltándole el respeto a sus autoridades, dejando ver que esa disciplina de soldado ya no estaba y que solo había un hombre con problemas de rebeldía. Todo eso hizo que el Consejo lo destituyera, quitándole el puesto de representante del Gobierno de los Estados Unidos y el Ejército, y claramente también, quedaría despojado del título de Capitán América.

El error más grande de este personaje no fue haber fallado, si no que fue el hecho de creer que lo que hizo estaba bien, desautorizando a sus superiores y siguiendo en una posición obstinada.

Es importante saber que necesitamos ser llenos del Espíritu Santo, y humillarnos ante Dios siendo conscientes de que él nos dará la victoria. Ezequiel 36:26-27 dice: «Les daré un nuevo corazón, y les infundiré un espíritu nuevo; les quitaré ese corazón de piedra que ahora tienen, y les pondré un corazón de carne. Infundiré mi Espíritu en ustedes, y haré que sigan mis preceptos y obedezcan mis leyes». Así que te aliento a vivir una vida en el Espíritu y pedir que Dios te restaure, aun en las cosas que no conoces de ti mismo.

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