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Espiritual

El Portador Principal

Hablar de pandemias parece en estos días el diario vivir, contagiados y cuarentenas están en los noticieros del día. Todas las naciones del planeta viven el mismo temor, ese donde la propagación parece inevitable a pesar de las medidas tomadas por los gobiernos globales.

Y aunque es el tema actual, no es algo nuevo, ya que desde tiempos muy antiguos las pandemias han golpeado nuestra sociedad dejando cientos y miles de infectados.

The Plague at Ashdod – Pintura de Nicolas Poussin

La historia lo muestra todo; enfermedades que han acabado con mas de 300 millones de personas como la peste negra en el siglo XIV, la ‘gripa española’ en 1918, el sarampión y el VIH, solo por nombrar algunas.

Pero de la pandemia que les quiero hablar ha sido mucho mas antigua y contagiosa que todas las demás, de hecho, es tan antigua que la encontramos en escritos como la Biblia y crónicas de historiadores de la época.

Este virus es letal, altamente contagioso, afecta a la carne de tal modo que la mata y hace que los portadores cambien desde la raíz, modificando el habla y conductas normales de un humano, dándole dependencia a su alma, creando un nuevo ser (Romanos 8).

Tiene una propagación por medio del aire (pneuma) en la que, por medio del aliento, se va debilitando la carne de forma progresiva debido a que se crea una total dependencia al agente transmisor (Génesis 2:7).

En la antigüedad, el virus no era infeccioso porque contagiaba solo a una persona específica. Cumplía su objetivo y luego se iba.

  Anales de Tácito, historiador Romano

Hasta que llegó el portador principal, llegó a un hombre con características muy especiales para que el virus empezara a propagarse, primero como una epidemia local para luego convertirse en la mayor pandemia.

Este portador, era nada más y nada menos que Jesús, el hijo de Dios, que siendo un hombre de 30 años, adquirió por medio del aliento del Padre una altísima dosis del Espíritu que lo llevó a realizar grandes cosas, cosas imposibles para alguien que no sea un portador.

Jesús en medio de grandes aglomeraciones dedicaba su tiempo a contagiar a otros, influenciándolos con el aliento de vida donde muchas personas se volvían portadores. El Espíritu Santo llegaba a las personas y eran llenas de este ser que acababa con la carne y daba facultades al alma para actuar sin dependencia a ella.

El gobierno de la época, al igual que los actuales, empezaron a tramar cómo acabar con tal propagación ya que podía traer grandes riesgos al imperio más poderoso de su época, deduciendo que la mejor forma era eliminar al portador principal y ahuyentar a los contagiados, logrando así la erradicación de este virus. Ya que este virus hacía que las personas dependieran totalmente de Dios y no de un sistema humano.

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Lo que no se esperaban, era que al eliminar al portador principal llegaría el derramamiento más grande; fue tal la propagación, que su primer contagio llegó a más de 3.000 personas de varias naciones de la tierra (Hechos 2:2; 2:41).

Después de esto, la historia dirá que el cristianismo, la pandemia más grande de la tierra, ha llegado a miles de millones de personas causando lo mismo; un contagio por medio de su Espíritu que destruye la carne y genera dependencia a su creador, estos síntomas propician la propagación.

Esta es NUESTRA PANDEMIA, de la que estamos infectados por Su amor. Es nuestro deber elegir si vamos a propagarla o a detenerla. Depende de ti y de mí seguir impartiendo el aliento del Padre llevando esta pandemia a toda criatura (Marcos 16:15).

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