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La Creatividad y la Iglesia Actual

Mucha gente cree que la creatividad es parte innata de algunos seres humanos que se dedican al arte, al diseño o a las tecnologías, como si fuera parte del ADN de un pequeño grupo que Dios escogió para que sean “los creativos”, y el resto de la humanidad, bueno… que se la arregle de alguna forma.

La creatividad está en el ADN de todos los seres humanos de este mundo que habitaron y habitan este planeta. Puede ser que esté más a flor de piel de unos que otros, pero sin duda viene en tu ADN también. Y vamos a ver por qué.

Según el sitio web de Wikipedia, “la creatividad es la capacidad de generar nuevas ideas o conceptos, de nuevas asociaciones entre ideas y conceptos conocidos, que habitualmente producen soluciones originales”. En ningún momento habla de género, de edad o de la profesión del individuo. Hace muchos años en una conferencia que dio el diseñador gráfico argentino Ronald Shakespear, comentaba que el diseño es un “plan mental”; una maestra antes de preparar su clase, plasma un plan mental de cómo desea darla, un mecánico busca la mejor forma de reparar un auto, un jugador de fútbol trata una nueva manera de eludir al adversario, una escritora se encierra a escribir en pos de desarrollar la nueva idea para su libro, y así podría seguir.

La iglesia –compuesta por seres humanos en comunión con Dios– también tiene impregnado ese ADN que el Padre puso en nosotros. Dios es un Dios creativo, podemos abrir el Génesis y leer sobre la creación, ver las diversas maneras en que el pueblo de Dios ganaba las batallas sin siquiera pelear, la forma en que Jesús sanaba a los enfermos o la manera en que los enfermos se acercaban a Jesús (por ejemplo, los amigos que rompieron el techo para que su amigo paralítico pudiera ser sano). En ningún momento dice la Palabra que los amigos eran ingenieros, diseñadores o tenían alguna habilidad en construcción que los hiciera especiales, solo buscaron una manera original –motivados por la fe– para que amigo fuera sano por el Mesías antes una multitud que llenaba ese lugar.

¿Sabías que grandes cristianos hicieron y hacen historia usando su inteligencia y creatividad? Como Isaac Newton (físico, teólogo e inventor), Martín Lutero (teólogo), Galileo Galilei (astrónomo, ingeniero y físico), C. S. Lewis (autor de Las Crónicas de Narnia), Stephen Curry (jugador de la NBA), Pandita Ramabai (educadora), Susana Wesley (madre de John y promotora del Metodismo), Denzel Washington (actor y director de cine), el Dr. Francis S. Collins (Director del Proyecto Genoma Humano) y Ana García Carías (Primera Dama de Honduras), entre otros.

Ken Robinson, experto mundial en desarrollo humano y autor de “El Elemento”, comenta en su libro: “Mi definición de creatividad es: «El proceso de tener ideas originales que tengan valor». La imaginación puede ser totalmente interior. Se puede ser imaginativo durante todo el día sin que nadie se dé cuenta. Pero nunca dirías que una persona es creativa si nunca ha hecho nada. Para ser creativo tienes que hacer algo. Eso implica poner a trabajar a tu imaginación para realizar algo nuevo, para conseguir nuevas soluciones a problemas, e incluso para plantear nuevos problemas o cuestiones. Se podría decir que la creatividad es imaginación aplicada”.

Si hablamos de la iglesia actual, sigue siendo una iglesia creativa; nuevos emprendimientos y empresas se crean a manos de creyentes, nuevas canciones de adoración se lanzan cada semana y seguramente otros de los cuales ni nos llegamos a enterar.

Pero en algunas áreas que respectan a la vida congregacional, veo que se repite un mismo patrón: el copiar lo que hacen las iglesias más influyentes. Como si fueran un modelo a copiar en todo, hagamos lo que ellos hacen porque a ellos les funciona. El ejemplo más común que veo es el de los “carteles de bienvenida”, esos que dicen “bienvenidos a casa”, “esta es tu casa” o similares. Todas (o muchas de) las congregaciones los tienen. Algunos dirán que no tiene nada de malo, que es una forma de que las personas sientan a la congregación como un “nuevo hogar”. Claro que no está mal ¿pero es necesario hacerlo exactamente igual? Usemos este ejemplo de “dar la bienvenida” como disparador para que cada congregación se ponga en modo creativo.

Por ejemplo, si tienes un grupo de teatro podrían disfrazarse para llamar la atención de quienes pasen por ahí, el grupo de alabanza podría hacer música con tambores (al estilo Mayumana), los jóvenes podrían hacer alguna intervención urbana, y podríamos seguir con los ejemplos. Si a mí solo se me ocurrieron un par de ideas, imagina si involucras las mentes de toda la iglesia. Creo que esta situación pasa dos motivos: primero, es más fácil probar lo que ya funciona. Segundo, no tenemos el ejercicio de hacerlo, de buscar nuevas formas.

Otra de las áreas en que creo que necesitamos más creatividad es en la música o la alabanza. Estamos acostumbrados desde hace décadas a cantar las alabanzas de Marcos Witt, Danilo Montero, Marcela Gándara, Marcos Brunet, y de otros muchos ¡y gracias a Dios por ellos! Porque han sido y siguen siendo de bendición para la iglesia. Pero creo que es hora de que nuestros músicos y cantantes –los de nuestra congregación– comiencen a componer sus propios temas. Tenemos grandes compositores detrás de un micrófono o un instrumento que están cantando las canciones de otros.

Estoy seguro de que los tenemos, pero que no les damos el incentivo suficiente para que esas letras de exaltación a Dios lleguen a la iglesia. Pregunta a los integrantes de la alabanza si tienen canciones propias, y seguramente más de uno te dirá que sí. Pero no se animan o nunca se le ha dado lugar a esa nueva “alabanza / adoración” porque estamos acostumbrados a los covers.

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Si eres líder, incentiva a tus músicos a componer (te vas a sorprender). Si eres músico o cantante, anímate a presentar lo que Dios te dio. Y si no eres parte del grupo de alabanza, anima a quienes lo hacen a componer. Seguramente enriqueceremos más aún nuestro culto a Dios.

Dice en Éxodo 35:31-32 (RVC): “Lo ha llenado del espíritu de Dios y le ha dado sabiduría, inteligencia, ciencia y dotes artísticas, para crear diseños…”. Dios nos dio todo lo que necesitamos para poner esa creatividad en marcha, para que el mundo vea de quién somos hijos.-

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