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Espiritual

La intimidad lo es todo

Tengo que confesar que son más las veces que no tengo ganas de orar que las que sí. «Lucas, eso no sonó muy espiritual de tu parte», quizás no para algunos, pero eso no quiere decir que no sea verdad. Esa intimidad no es algo que debemos ejercer solamente cuando necesitamos algo de parte de Dios –como si Él fuera una máquina expendedora que nos da cosas– debemos «orar sin cesar», como dice la Palabra (1° Tes. 5:17). Hay que hacerlo cuando tenemos ganas y cuando no, cuando queremos y cuando no queremos.

Mi carne muchas veces no quiere orar, porque la carne es así. Mi carne quiere comer, dormir, mirar las redes sociales, mirar videos en YouTube, enviar memes, chatear con mis amigos, y lo que se te ocurra. ¿Está mal eso? No, para nada. Lo que está mal es que ESO te quite tu tiempo con Dios.

Dios valora tremendamente que, aunque no tengamos ganas, no sintamos su presencia, o no sepamos qué decir, estemos ahí, en la intimidad. Me ha pasado de orar sin ganas y decirle «Señor, no sé qué decir» o «Señor, no tengo ganas de orar». No siempre estamos al cien, no siempre estamos eufóricos por sentir tu presencia; quizás porque estás pasando un tiempo difícil o quizás te diste cuenta que te estás enfriando espiritualmente. Ese «fuego» que te hacía decirle mil palabras hermosas al Señor, hoy quizás es una pequeña chispa.

Un tiempo con nuestro Amigo

Dios no te ama más porque le digas grandes oraciones, y no te ama menos porque ya no sientas hacerlas. Dios te ama, amigo/a y punto, más allá de nuestra comprensión. Dios no es solo el Creador de todo, el Salvador del mundo, el Gran Yo Soy; también es padre y es amigo, ¡no te das una idea las ganas que tiene de ser tu amigo! ¡Él es mi amigo! Yo lo sé, y es de esos amigos de fierro (como decimos en Argentina), de esos que te ayuden, y están contigo en todas… EN TODAS.

A Dios le encanta tener amigos, por eso busca la intimidad, porque en esa intimidad solo estamos él y yo. En la intimidad hablo con mi Amigo, y le cuento todo, y como sé que para mi Amigo nada es imposible, le hablo de mis sueños más locos, y sé que toma nota de ellos. Y cada tanto me sorprende con regalos, ¡tremendos regalos!

¿Cuándo fue la última vez que tuviste un momento de profunda honestidad con Dios? ¿Qué te lo impide? Ve HOY a su presencia, pero no te apures, espera ahí, quédate ahí que Él te va a sorprender. Después me cuentas cómo te fue.

PD: A mí me gusta orar con música instrumental, te dejo una recomendación aquí abajo.

 

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