¿Alguna vez fuiste a un lugar sin ganas, pero luego, estando en el lugar te diste cuenta que la estabas pasando bien y hasta te dieron ganas de volver? Me pasó con el gimnasio, ¡me hace bien pero que pereza que me da! Sé que es una cuestión de disciplina y constancia, porque cuando voy me siento muy bien, física y anímicamente.
Lo mismo me sucede con la oración, hay días en los que no tengo ganas ni hago el tiempo para charlar con Dios, pero cuando lo hago, pienso: «menos mal que lo hice», «cuánto lo necesitaba», «¡que alivio!» ¡Hasta agradezco a Dios escucharme cuando lo ignoraba días anteriores! ¿Acaso estoy comparando el gimnasio con la oración? Sí, tú puedes compararlo con otra cosa que te cueste, pero te guste y te haga bien.
Dios ya sabe todo. Dios sabe qué hiciste, qué haces y qué vas a hacer. Sabe lo que piensas y lo que dices. Sabe con quienes te juntas, conoce tu entorno, conoce tus preocupaciones, tus pensamientos, tus tristezas. Sabe qué te gusta, qué no te gusta tanto, sabe absolutamente todo. ¿En serio crees que la oración es para un beneficio de Él? ¿En serio crees que la oración es algo que Dios necesita de nosotros?
La oración es un beneficio para nosotros. La oración es nuestro puente para acercarnos a Dios. Él nos dio la clave, el secreto, el ingrediente más importante para que no tengamos que hacer las cosas solos, para que no tengamos que depender de nosotros mismos, sino que además de contar con hermanos en la fe para ayudarnos, tengamos vía libre y acceso directo a Él.
Aun así, hay días que lo dejamos colgado, que no atendemos sus llamadas, que estamos demasiado ocupados. La oración es un recurso para nuestro beneficio. Él pensó en la forma de que podamos sentirnos cerca, aunque físicamente no lo estemos y nos regaló el mejor recurso: la oración.
Entiendo que muchas veces no tenemos ganas, nos cuesta, pensamos «Dios ya lo conoce todo», o simplemente nos emociona y no sabemos qué decir, pero te recomiendo que lo hagas igual, aunque sean dos palabras, dos lágrimas o dos suspiros. Te puedo asegurar que así como estás y te sientes Dios lo entiende y lo recibe. Te sentirás mejor y querrás volver a hablar con Dios todas las veces que te sean posibles.
La oración tiene poder. Podría citar muchos versículos acerca de los milagros del Señor tras oraciones. Milagros y respuestas de Dios que sucedieron luego de clamar a Él en oración y de corazón, en actos desesperados o simplemente en situaciones cotidianas pidiendo Su guía. Te animo a que no te avergüences, hazlo. Hazlo sin ganas, hazlo triste, hazlo contento, hazlo con el corazón roto, hazlo en todos tus estados, pero hazlo. Te puedo asegurar que el resultado (aunque no siempre es físicamente visible) es tremendamente grande y poderoso.
Recuerda: quien te escucha en los Cielos tiene todo el poder para transformar situaciones, estados de ánimo y está disponible las 24 horas del día, los 365 días del año.
¡Hola! Soy Natalia Kaukian. Hija menor de un papá pastor y una mamá médica. Uno ayuda con las heridas físicas, el otro con las heridas espirituales. De ese combo nací yo, Nati de “@milla.extra”. Docente, casada con un músico, recientemente mamá y, por sobre todas las cosas, cristiana… cristiana por convicción.


















