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La perseverancia y la fe: un combo indestructible

A cada uno de nosotros Dios no ha dado dones y talentos, y con esos talentos también vienen sueños y metas que nos trazamos. Por ejemplo, quienes anhelan ser profesionales en cierta especialidad, se inscriben en la universidad, estudian con dedicación «X» cantidad de años, y sueñan con recibirse y obtener ese título. Esa es su meta hoy.

Pero para la lograr las metas hay que esforzarse, y mucho; hay que sacrificar ciertas cosas, sobre todo tiempo, que es algo intangible y que no vuelve. Es imprescindible ser constante y persistente para poder llegar adonde quiero llegar.

Y todos tenemos metas, sueños por cumplir, por eso, la perseverancia es algo que debemos desarrollar. No hay sueño que se logre solo, ni hay meta que llegue sin esfuerzo. Por ejemplo, el atleta entrena esforzadamente todos los días durante cuatro años para poder participar en los Juegos Olímpicos. Y a veces, su participación puede durar segundos. Un gran esfuerzo para llegar al podio olímpico y llevar esa preciada a su país.

Pero ¿dónde está Dios en todo esto? Ser perseverante no significa «conseguir algo a toda costa» quitando gente del camino, sino trabajar de manera organizaba y consciente, aún a través de las dificultades que haya en el camino, buscando siempre el favor de Dios. Según la RAE, persistir es: «mantenerse firme o constante en algo». Nada de lo que hablamos antes, va a ser posible sin el favor de Dios. Nada es mejor que tener a Dios de nuestro lado. Es IMPRESCINDIBLE colocar a Dios en medio de tus planes. Haz a Dios tu socio principal en tus planes, y vas a ver cómo Dios contesta.

¿Te gustaría tener tu propia empresa o emprendimiento? Busca a Dios. ¿No consigues resultados positivos en tus planes? Busca a Dios. ¿No sabes por dónde comenzar? Busca de Dios. No hay otra forma de tener mayor éxito en lo que emprendamos que con Dios a nuestro lado.

En Mateo 7:7-8 dice: «Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre».

En Mateo 7:24 habla de la parábola del hombre prudente y el insensato. Los dos tuvieron los mismos problemas, pasaron por las mismas dificultades ¿pero cuál fue la diferencia? El hombre prudente construyó su casa sobre la roca, que es Cristo. Vamos a pasar por diferentes situaciones que nos van a desalentar, donde quizás nos debilitemos, que nos planteemos si estamos haciendo las cosas bien o no, pero lo que va a hacer la diferencia, es dejar todo eso en las manos de Dios.

A mitad del año pasado -mientras estábamos en cuarentena- me sentía que giraba en círculos, que mis planes no prosperaban, que lo que hacía no me conducía a donde quería llegar, que no podía avanzar. Me sentía triste y a veces solo. Y en esos momentos me encerraba en mi habitación a orar, pero a pesar de todo, mi confianza estaba en Dios.

Hace un par de semanas, Dios me habló directamente. Me habló de esos tiempos con Él, de aun cuando no sentía Su presencia, Él estaba ahí. Me habló de mis sueños y proyectos, y fue tan fuerte escucharlo hablar los tiempos de «intimidad», que sabía que era Él hablándome. Era el mismo Dios, creador de todo el universo, hablándome de mis sueños.

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A José le decían «el soñador» y terminó siendo gobernador de Egipto. David era el hermano más pequeño de una familia de Belén, y terminó siendo rey de Israel. ¿Qué te impide hoy concretar esos sueños de Dios en tu vida? ¿Es tiempo, es dinero, es la gente alrededor? Sea lo que sea, Dios lo sabe, pero es mejor que se lo digas y lo involucres en tus planes.

Si juntamos la perseverancia con la fe, tenemos un combo súper potente en las manos de Dios. No te canses, avanza. No mires al costado, avanza. No escuches lo que dicen los demás, avanza. Y si te cansas, pídele fuerzas al Señor. Pide sabiduría e inteligencia para poder avanzar.

No dejes que lo que ves hoy a tu alrededor sea un obstáculo para que esos sueños se cumplan. Fija tus ojos en la meta. No saques tus ojos de ahí. Que muy pronto, cuando menos lo esperes, la respuesta de Dios llegará.

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