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Los Cristianos y el Whatsapp

“El hombre de muchos amigos se arruina, pero hay amigo más unido que un hermano” – Proverbios 18:24.

“Las redes sociales han colonizado lo que fue una vez un espacio ocupado por el vacío: el espacio para el pensamiento y la creatividad” – Mahershala Ali.

La semana pasada tuve una interacción interesante con un amigo. Como buen milenial (acabo de cumplir 30), prefiero un correo o mensaje de texto que una llamada por teléfono. Pero este amigo me había llamado y luego escrito un par de WhatsApps. Al ver que no le respondí, pero que me había conectado un par de veces, me escribió otra vez. Al ver su insistencia, y el aprecio que tengo por él, le escribí y básicamente le comenté que tenía un día con mucho trabajo, que en la noche le respondería, o que si era más urgente podía responderle durante mi receso de almuerzo.

Antes había optado por quitarle las notificaciones a WhatsApp, pero me sucedió en muchísimas ocasiones que no me enteraba hasta muy tarde de cosas que necesitaban mi atención. Sea cual sea la razón, es muy difícil hacer ministerio (o aun trabajar) en el mundo hispanohablante sin usar WhatsApp.

Pero pareciera que las cosas han llegado a un extremo. Vez tras vez veo a personas que están en el cine o en una cena o en el banco y entran a WhatsApp solo para ver con quien hablar. (Sin decir nada de entrar a FB o IG). Esto es, para usar el lenguaje de Eugene Peterson, una violencia cometida contra la atención. Al estar en todo lugar, en todo momento, no estamos realmente en ningún lugar. Al tener cinco conversaciones abiertas a la vez, vivimos en un constante barullo, con un alboroto de conversaciones a las que le prestamos la menor atención. Con toda probabilidad no lo notamos, pero andamos con una Babel en nuestros bolsillos.

Como los vehículos en la mañana, el pensamiento profundo, las ideas duraderas, requieren de tiempo para calentar. Para llegar a su punto de ebullición. Todo el que ha preparado un sermón o un reporte, escrito algún artículo o nota de prensa lo sabe. Empiezas a escribir, a pensar, y te toma tiempo llegar a decir todo lo que quieres decir. De hecho, llegar a saber lo que necesitas decir necesita tiempo sin interrupciones, donde estás tú a solas con la pantalla o con el papel, pensando y escribiendo y comunicando.

Sin murmullos digitales.

Pero mientras escribo esto ahora mismo, tengo mi móvil al lado del computador. Si no coloco la función de “No molestar”, probablemente reciba no menos de veinte notificaciones antes de que acabe de escribir. Cada notificación, cada conversación distrayéndome de comunicar mi idea, enfriando el caldero, desacelerando la mente. Por supuesto, muchas de esas distracciones son necesarias: Un padre que quiere ayuda con su hijo, un compañero de trabajo necesita respuesta de una petición, mi esposa quiere información sobre la comida. Todas son buenas distracciones: en gran parte son el propósito de mi vida. Pero al venir tantas a la vez, una tras otra, no puedo prestarles toda mi atención a corto plazo, y se interrumpen los planes a largo plazo. Pasan los días y me pregunto por qué no escribí más, o por qué están tan retrasados los proyectos.

Los cristianos podemos hacerlo mejor

Yo no tengo las soluciones. Proverbios 18:24 bien nos enseña la posibilidad de ser arruinados por tener muchos amigos, y lo pone justo al lado de la inevitabilidad fraternal de una buena amistad. Queremos amigos que sean más que hermanos, y la vida que vale la pena vivirse se vive para los demás. Pero creo que los cristianos podemos hacer un mucho mejor uso de WhatsApp (y otras redes similares), con tan solo algunos cambios.

Por un lado, podemos usar Whatsapp de una manera más intencional. Apartar tiempo para el uso personal o para responder aquellas cosas que no son urgentes. Algunos hablan de tomar 10-15 minutos por cada hora de trabajo intenso: tal vez puedes usar cinco minutos de esos para responder por WhatsApp. A mí me sirve más el sacar media hora a la mitad de la tarde o en la noche para dedicarme a las conversaciones personales. De esta manera, puedo pasar más tiempo concentrado, con el caldero ardiendo, avanzando en los proyectos que Dios puso en mi mano. Esta es también una forma de amar a mi prójimo.

Por otro lado, podemos dejar de esperar respuestas inmediatas. Citando ahora a Peterson, “La prisa es una forma de violencia cometida sobre el tiempo. Pero el tiempo es sagrado”. Hay cosas que ciertamente requieren atención inmediata, pero debido a que todo el mundo nos está escribiendo todo el tiempo, nos hemos desensibilizado. Entonces, no nos sintamos mal si no nos responden de una vez. A propósito, yo tengo público mi estado de cuándo me conecté por última vez, y muchas veces dejo en “visto” a personas que me escriben, por días o hasta semanas. Está mal de mi parte no escribirles y decirles que en el momento no puedo o no quiero responder, que estoy trabajando en otras cosas. (Y nadie nunca me ha comentado nada en ese respecto, pero si lo he hecho y te has sentido mal, te pido perdón y misericordia). Pero como cristianos podemos y debemos pensar lo mejor, y tener en mente los intereses de los demás más que los propios.

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Por último, podemos hacer más uso del “Do Not Disturb” o “No Molestar” que trae nuestros celulares. Tal vez en las horas de comida, al estar con amigos o familiares, en el cine, o lo que sea. A menos que seamos doctores o presidentes de grandes compañías, nuestras emergencias no son realmente emergencias. Y de todas formas la mayoría de nosotros vemos nuestro celular no menos de tres veces por hora, por lo que no pasará mucho tiempo sin poder responder a cualquier urgencia real.

Hay muchas otras razones por las que debemos ser más intencionales y cuidadosos con nuestro uso de Whatsapp (las preocupaciones sobre nuestra privacidad siendo una de las más importantes), pero este blog ya está bien largo, y yo no soy un experto en el tema. Solo sé que quiero honrar a Dios siendo atento a lo que tengo por delante y tomando tiempo enfocado en proyectos, creando más que consumiendo, y comunicándome más que chateando. ¿Tal vez tú sientes algo similar? Si es así, trabajemos juntos en bajar los decibeles del barullo de WhatsApp.

Ahora, si me disculpas, tengo 35 conversaciones que quieren mi atención.

Autor: Jairo Namnun. Extraído de CoalicionPorElEvangelio.org bajo previa autorización.

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