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Más allá de nuestros ojos

Imagina que un día te llaman para decirte que heredaste campo, un gran campo que ahora te pertenece. ¡Wow, felicitaciones! Te pones triste por un momento porque quien te lo cedió era alguien que querías, pero luego tu cabeza comienza a pensar lo que podrías hacer en aquel lugar.

¿Qué se podrá sembrar ahí? ¿Maíz, soja, trigo? ¿O mejor frutas y verduras? No tienes conocimientos sobre la siembra, pero eso no impide que pienses de qué manera aprovechar la tierra. Y si sobra espacio, por qué no hacer una bonita casa. ¡Uf! Hay tantas cosas por hacer.

Apenas te dan la documentación del lugar, no puedes esperar más y vas a verlo. Lo bueno es que queda a unos pocos kilómetros de tu casa y eso no podría ser mejor. Llegas y te sorprendes porque es muy grande, es difícil ver a simple vista donde termina. Comienzas a caminar por dentro y notas que no hay rastros de que haya sido sembrado recientemente. La tierra está seca, hay rocas y ni siquiera hay rastros de mala hierba. Sí, la verdad que está bastante descuidada.

Se te ocurre ir a hablar con los vecinos de los campos aledaños y te cuentan que allí nunca creció nada, que el dueño intentó sembrar pero el campo nunca dio frutos. Unos lo atribuyen a que la tierra ya no tiene nutrientes, o sea que sembraron y no dejaron descansar la tierra. Otros a una maldición de dueños anteriores. En fin, un campo extenso pero que no ahora «sirve para nada».

Vuelves a tu casa frustrado, tenías un montón de planes para ese campo, y ahora todo se desmorona. La siembra, la casa y todo lo que querías hacer, quedó en la nada. Te encierras en tu habitación y oras a Dios. Le dices: «Señor, ¿Qué pasó? Me había ilusionado con ese gran campo, tenía muchos planes, pero no se puede hacer nada». Dios, que escuchó tu oración, te responde: «¿Cómo que no se puede hacer nada? ¿Acaso yo no hice al universo de la nada? Si puedo ablandar cualquier corazón duro, con más razón puedo hacer que allí crezca cualquier tipo de árbol y planta. ¿Dónde está tu confianza?».

Su Palabra dice: «Pon toda tu confianza en Dios y no en lo mucho que sabes. Toma en cuenta a Dios en todas tus acciones, y él te ayudará en todo» – Proverbios 3:5-6 (TLA).

Aunque esta es no es una historia real, relata como muchas veces actuamos en nuestra vida. Juzgamos las cosas con nuestros ojos y con la palabra de los demás, pero no según la opinión de Dios. Hacemos planes sin consultarlo, y cualquier circunstancia hace que nos asustemos o nos frustremos, y no podamos ver más allá de nuestros ojos.

Mientras nosotros vemos un campo infértil, Dios ve una oportunidad para poner su poder de manifiesto. Nosotros vemos un gran problema, Dios ve la chance de que podamos poner toda nuestra confianza en Él.  Como dice en Isaías 55, sus pensamientos son más altos que los nuestros.

¿Tienes planes para con tu trabajo, emprendimiento, familia, estudios o ministerio? Buenísimo. Cuéntaselos a Dios, planifica con Él; a Dios le encanta que sus hijos tengan planes, y más cuando puede involucrarse, porque esos sueños pueden potenciarse, o quizás veas que Dios tenía otros mejores para ti.

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Su Palabra dice que nos ayudará en todo ¡Qué genial! Pero primero hay que confiar en Él. ¡Es hora de ponerlo en práctica! Te deseo todos los éxitos, porque la suerte es para los mediocres.

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